Recorrer el territorio de Noalejo al atardecer es adentrarse en un abrazo de luz y memoria: no es solo caminar sobre un mapa, sino dejar que el paisaje nos interpele y nos hable. La zona de los Villarejos, al caer la tarde, se revela como un escenario donde la luz juega sobre los relieves del Cerro de Santa Merced, la Sierra de laGranadida y los campos que se visten de color en la incipiente primavera.
El viento susurra entre los almendros en flor, el río murmura su caudal tras un invierno generoso en lluvias, y el canto lejano de los pájaros parece despedir al sol que se oculta, dejando sobre la tierra un último beso cálido de luz. Cada sonido, cada aroma, cada sombra conforma una geografía íntima que solo quien camina puede sentir.
Este vídeo quiere captar ese momento: un instante de calma, cargado de vida. Es una invitación a recorrer los caminos de Noalejo, donde la luz y las historias de quienes caminaron antes de nosotros se entrelazan con las nuestras, recordándonos que un territorio no es solo un espacio físico, sino un lugar donde se siente, se escucha y se recuerda.
En la década de los años 50 del siglo XX, a las tres de la tarde, el pueblo se detenía para participar en la celebración del Sermón de las Siete Palabras. Esta práctica devocional, actualmente desaparecida, fue introducida por el párroco D. Maximino Ramírez Gómez y caló profundamente en las expresiones de religiosidad popular de Noalejo.
A la hora nona, es decir, a las tres de la tarde —hora en que muere Jesucristo en el Gólgota—, se abrían las puertas de la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Noalejo para dar inicio a la procesión con el Cristo de la Soledad, una escultura anónima de estilo granadino de gran belleza, posiblemente del siglo XVIII.
Vista de la Plaza de Noalejo desde la torre del templo parroquial de Noalejo. (Finales de los año 80)
La imagen recorría la plaza del pueblo y, en un ambiente de gran sobriedad y solemnidad, los habitantes de Noalejo participaban con gran respeto en el sermón que el párroco pronunciaba con su característica y fluida oratoria al paso de la Imagen.
Sermón de las Siete Palabras de Noalejo (4 de abril de 1958. Foto cedida por la Familia Martínez Martínez
La fotografía que acompaña este texto, tomada durante el sermón el 4 de abril de 1958, muestra el ambiente que se vivía en la plaza mientras el cortejo avanzaba frente a la casa parroquial. Es una imagen de gran valor sentimental para mí, ya que mi padre, José Martos Olmo (D.E.P), portaba la imagen del Cristo aquel año (el primero en el travesaño inferior de la cruz, junto a los pies del Señor).
Tras los dos monaguillos que portaban los ciriales —que aún se conservan en la parroquia—, la hermosa imagen era llevada por un grupo de jóvenes que sostenían sobre sus hombros la cruz. La procesión se detenía bajo los balcones a los que subía el párroco, desde donde se meditaba, a través de los siete sermones que integraban el conjunto de la pieza de oratoria sagrada, sobre las siete frases que pronunció Jesús en la Cruz: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen»; «Hoy estarás conmigo en el paraíso»; «Mujer, ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre»; «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»; «Tengo sed»; «Todo está cumplido»; «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu».
Cristo de la Soledad de la Parroquia de Noalejo. (Anónimo, posiblemente del siglo XVIII)
Cargar sobre los hombros al Cristo de la Soledad para el Sermón de las Siete Palabras era expresión de la devoción y recogimiento con que se vivía el Viernes Santo en Noalejo, día de ayuno en el que las campanas del hermoso campanario del templo parroquial guardaban silencio y enmudecían en señal de luto por la muerte de Cristo, mientras la carraca invitaba a los fieles a participar en los actos litúrgicos y las procesiones.
Alguna vez mi padre me contó cómo, desde bien entrada la mañana, se preparaban en los humildes hogares de Noalejo los habitantes del pueblo para participar en este acto devocional. Así, mi abuela, Antonia Olmo Fernández, cada Viernes Santo decía a sus cinco hijos: «Hoy os ponéis el traje y vais a llevar al Señor en el sermón por la plaza». Esta era la invitación que muchas madres y abuelas hacían a sus hijos y nietos jóvenes esa mañana: que se vistieran con el traje reservado para las grandes ocasiones, la camisa blanca, recién planchada, abrochada hasta el cuello en señal de respeto, y que fuesen a llevar al Cristo de la Soledad ese mediodía , clavado en la cruz, muerto y con el costado traspasado por la lanza del centurión, para ser los pies del Señor mientras recorrían la plaza del pueblo rememorando lo ocurrido en el Gólgota.
Por otra parte, la fotografía refleja el profundo ambiente de respeto, recogimiento y devoción con que los habitantes del pueblo vivían este ejercicio piadoso. Llama especialmente la atención en la misma el numeroso grupo de hombres arrodillados ante el paso del Señor que lo contemplan desde el interior de la plaza.
Cristo de la Soledad de la Parroquia de Noalejo. (Anónimo, posiblemente del siglo XVIII)
La celebración del Sermón de las Siete Palabras desapareció en la década de los años 60 del siglo pasado y se sustituyó por el ejercicio del Viacrucis que recorre las calles del pueblo el Viernes Santo desde la ermita de la Virgen de Belén hasta el templo parroquial.
La imagen del Cristo de la Soledad ya no procesiona, pues preside la parte alta del retablo de la capilla mayor y, por problemas logísticos, sería difícil bajarla cada año. Es una imagen hermosísima que despierta un profundo sentimiento y emoción religiosa, como puede apreciarse en las fotografías que acompañan este artículo y será objeto de un estudio más minucioso en este blog en un futuro próximo.
José Manuel Martos Ortega
Agradezco a la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Noalejo y a la familia Martínez Mártinez el haber ofrecido y compartido las fotografías que ilustran esta entrada de blog.
Entre las expresiones devocionales que laten con más hondura en la Semana Santa de Noalejo, destaca la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, salida de las manos del escultor malagueño afincado en Granada, José Navas Parejo. En la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora pervive así su legado, pues su gubia dio en la década de los años 40 del siglo pasado la forma y el alma a gran parte de las imágenes que vinieron a sustituir a las desaparecidas en julio de 1936: el Sagrado Corazón de Jesús, la Virgen del Carmen, la Virgen del Rosario y el propio Nazareno. Del mismo modo, también restauró los desperfectos de otras tallas, como el Cristo de la Soledad, que preside el retablo del altar mayor y la Virgen de los Dolores, dejando en todas ellas la huella serena de su arte y estilo propio, inspirado en la escuela barroca de escultura granadina.
Nuestro Padre Jesús Nazareno de Noalejo (José Navas Parejo. Década de los años 40 del siglo XX).
La imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno es una talla en madera policromada, de bulto redondo, adscrita a la tipología de imágenes de vestir o de candelero. Iconográficamente, representa a Cristo coronado de espinas y portando la cruz sobre sus hombros, camino del Calvario para ser crucificado en la mañana del primer Viernes Santo.
Nuestro Padre Jesús Nazareno de Noalejo (José Navas Parejo. Década de los años 40 del siglo XX).
Nuestro Padre Jesús Nazareno de Noalejo (José Navas Parejo. Década de los años 40 del siglo XX).
Uno de los elementos más significativos de esta talla radica en sus evidentes similitudes formales e iconográficas con la imagen de Jesús del Rescate de Granada, obra de Diego de Mora. En dicha escultura, el insigne imaginero del siglo XVIII realizó una de las representaciones más bellas de Cristo Preso y presentado al pueblo, dentro de la tradición barroca granadina.
El análisis comparativo entre el Nazareno de Noalejo y el Rescate de Granada permite advertir cómo Navas Parejo retoma y adapta determinados rasgos iconográficos característicos del «Señor de Granada«: el rostro enjuto y de acusados pómulos, la barba bífida, la nariz recta y afinada, así como la presencia de un hematoma en la mejilla izquierda y la contenida expresión del sufrimiento, evidenciada en la escasa presencia de sangre en el rostro. Todo ello remite a una interpretación sobria y contenida del dolor, en sintonía con los cánones estéticos heredados de la escuela granadina.
Nuestro Padre Jesús Nazareno de Noalejo (José Navas Parejo. Década de los años 40 del siglo XX).
Nuestro Padre Jesús Nazareno de Noalejo (José Navas Parejo. Década de los años 40 del siglo XX).
Del mismo modo, en consonancia con los modelos iconográficos del círculo de los Mora, en los que se inspira José Navas Parejo, se configura una imagen de un Cristo paciente, de mirada baja y ensimismada, que transmite una actitud de aceptación serena del sufrimiento. Esta interpretación, heredera de la tradición granadina, se caracteriza por la contención expresiva y la introspección psicológica, alejándose de los excesos dramáticos para centrarse en la dimensión espiritual de la Pasión. La imagen, concebida como objeto de culto, suscita en el fiel una respuesta emocional basada en la compasión y en un dolor contenido, acorde con los ideales devocionales que la inspiran.
Al anochecer del Jueves Santo, después de la celebración de la Cena del Señor, la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno recorre las calles de Noalejo en una procesión de marcado carácter sobrio y devocional. El cortejo, desarrollado en ocasiones en silencio y otras acompañado únicamente por el redoble de un tambor, acentúa la dimensión contemplativa de esta austera procesión, muy coherente con la idiosincrasia sobria del pueblo en sus manifestaciones de religiosidad popular. La escenificación refuerza el sentido iconográfico de la talla, que representa a Cristo paciente y resignado, llevando la cruz en su camino hacia el Calvario, evocando así el episodio histórico de la Pasión ocurrido en Jerusalén hace casi dos milenios.
José Manuel Martos Ortega
Salida desde la Parroquia la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Noalejo (José Navas Parejo. Década de los años 40 del siglo XX).
Procesión de la Imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Noalejo (José Navas Parejo. Década de los años 40 del siglo XX).
Procesión de la Imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Noalejo (José Navas Parejo. Década de los años 40 del siglo XX).
Las fuentes constituyen lugares de la memoria colectiva dentro de un territorio. Más allá de su valor esencial como recurso físico para el abastecimiento y la agricultura, poseen una profunda dimensión simbólica, social, cultural y etnográfica. En efecto, se configuran como ámbitos de encuentro, donde las personas pueden hacer una pausa en el camino para saciar la sed y disfrutar de un momento de descanso antes de reemprender la marcha hacia sus destinos. En contextos rurales, estos lugares privilegiados favorecen la socialización y la comunicación, propiciando el intercambio de experiencias y la construcción de los lazos comunitarios que dan forma al territorio.
En el término municipal de Noalejo existe una fuente que se puede considerar como uno de sus manantiales de referencia: la fuente de los Villarejos.
Noguera de la fuente de los Villarejos
1.- El paraje
A los pies del Cerro de Santa Mercedy de la Sierra de la Granadina, que se alzan como colosos junto al camino que conduce de Noalejo hacia Navalcán, la Hoya del Salobral y la Sierra del Trigo, desciende una escalinata que, bajo la sombra de una noguera, nos lleva a una fuente de agua cristalina y fresca, que ha sido y sigue siendo la delicia de quienes en ella sacian su sed.
Fuente de los Villarejos (Noalejo)
La fuente se ubica en un valle fértil, rodeado de montañas, que constituye una de las mejores tierras de regadío para el cultivo de hortalizas, árboles frutales y olivos. Villarejos, Villarejos de Cofrida, son los primitivos nombre que se le da a este paraje y a los cortijos que en ellos se ubican, tal y como recoge Manuel Amezcua, cronista oficial de la villa de Noalejo, en su obra El Mayorazgo de Noalejo (1992). Tierras que fueron protagonistas de las disputas entre Mencía de Salcedo y el Concejo de Granada (Amezcua, 1992) reclamando su propiedad, por la importancia que tenía para el cultivo en una zona en la que priman las tierras sin roturar.
Árboles frutales en el paraje de los Villarejos
2.- Una fuente bajo una noguera
En el corazón de este valle fértil y fecundo existe un epicentro o punto de encuentro que ha tenido una importancia particular generación tras generación: una sencilla fuente bajo una frondosa noguera.
Fuente y noguera de los Villarejos
En el sentir colectivo de los vecinos y vecinas de Noalejo hablar de los Villarejos evoca dos elementos, principalmente: la fuente y la noguera. Y en torno a ellas emergen espontáneamente un sinfín de experiencias que nos retrotraen a diversos momentos de la vida.
La fuente es sencilla, rustica y sobria, construida con piedra, revestida de cemento, con su característica forma cuadrada y los dos caños redondos de metal de los que brotan un agua fresca. El caudal de la fuente varia a lo largo de las distintas épocas del año, llegando a secarse uno de ellos en las épocas de sequía y en el periodo estival.
Fuente de los Villarejos
La fuente de los Villarejos actúa como un auténtico termómetro de la situación hidrológica del entorno. Cuando llegan las ansiadas y necesarias lluvias, como las caídas en los últimos meses, es habitual escuchar en el pueblo, con regocijo, la expresión: «han vuelto a echar los dos caños de la fuente de los Villarejos», augurio de un buen año para los campos. Por el contrario, cuando uno de ellos deja de brotar y el otro pierde caudal, se oye con desazón y preocupación: «¡qué falta hace que llueva!».
3.- La memoria del agua
Esta fuente ha sido testigo, a lo largo de los años, de la vida, los quehaceres y desvelos de quienes se han acercado a ella; del trabajo silencioso, de las esperanzas, los sufrimientos y los anhelos de tantas personas que han encontrado en su agua un alivio y un descanso. Si nos sentamos a su lado y, en silencio, escuchamos el sonido vivo, alegre y vivaz del agua, la fuente parece hablarnos: su canto se convierte en un relato de la memoria de estas tierras. Es una experiencia maravillosa, dejando de lado el ruido y las prisas de nuestra vida, detenernos, sentarnos un rato a la sombra de la noguera, guardar silencio, escuchar el sonido del agua y atender a las historias que esta fuente nos susurra.
La fuente añora la alegría y el regocijo de aquellos grupos de mujeres trabajadoras que, cada día, caminaban desde Noalejo hasta el río de los Villarejos, llevando sobre sus hombros el «lío» que contenía la ropa para lavar en las aguas cristalinas y frescas que descendían del manantial de Navalcán. Era un lugar de parada obligatoria, y en torno a ella nacieron muchas historias de amor que acabarían en matrimonio: muchachas y muchachos se buscaban sin pretexto alguno, intercambiaban miradas, breves palabras, y no faltaba quien se ofreciera a cargar el lío en las mulas para compartir el camino de regreso al pueblo entre conversaciones animadas.
El discurrir del agua evoca también el ir y venir de hombres y mujeres, jóvenes y niños, desde los cortijos de Navalcán, Navalcancillo, la Navalta, la Cruz, Rosales o el Encalvo, entre otros, hacia el pueblo para visitar a las familias, realizar pequeñas compras o participar en las fiestas principales de la villa de Noalejo
Ruinas del Cortijo de Navalcancillo
Fue, sin duda, un lugar de paso para las piaras de ganado que llegaban desde Valdepeñas de Jaén, atravesando el Puerto de los Alamillos y Navalcán, camino de la célebre feria real de ganado de Noalejo, celebrada los días 9, 10 y 11 de septiembre. En la fuente se detenían a abrevar, mientras los niños, inquietos, preguntaban a sus padres si ese año volverían las barcazas a los portalones de la iglesia o si habría casetillas de turrón en la calle Real donde gastar las perras gordas que les habían dado sus abuelas.
La fuente guarda también el eco de los juegos de los niños y niñas de los cortijos de los Villarejos: María, Ana, Soledad, Paquita y Blas, que bajaban en los días calurosos del verano a llenar porrones y botijos de agua fresca. Allí comentaban que pronto llegarían los Hermanos de la Virgen del Rosario, con su estandarte blanco, para recolectar la ofrenda que sostenía la hermandad, bajo la petición de «Salve» u «oración». Era un día de fiesta, en el que Anica alfombraba el camino hacia el cortijo de los Villarejos con albahaca recién cortada y prendía ramos verdes en el estandarte como ofrenda a la Virgen.
Ruinas del Cortijo de los Villarejos
Pero hay un momento en que el agua, al brotar de sus caños, parece quebrarse y temblar al recordar aquel 19 de abril de 1956, a las 18:38, cuando la tierra se estremeció por el terremoto con epicentro entre Albolote y Atarfe. Los tajos del cerro de Santa Merced se resquebrajaron y los crestones calizos rodaron ladera abajo, acercándose peligrosamente a la fuente. Afortunadamente, no alcanzaron el río, junto al molino de los Villarejos, donde las mujeres lavaban y tendían la ropa. Los labradores y vecinos de los cortijos corrieron, atemorizados, a socorrer a quienes se encontraban cerca del torrente.
Sin embargo, el agua recupera pronto su canto alegre cuando evoca el bullicio de los niños y niñas de la escuela o de la catequesis que, camino de Navalcán, hacían un alto para saciar la sed durante las excursiones organizadas por el colegio y la parroquia. Iban guiados por maestros y maestras a quienes el pueblo tanto debe, junto a las queridas Misioneras de Acción Parroquial, cuya labor dejó una huella profunda en Noalejo.
Con la llegada de mayo, la fuente se dispone a recibir, casi con emoción, el paso de la carroza de San Isidro, patrón de los labradores, camino de la romería de Navalcán. Allí, en ese paraje emblemático —un valle fértil regado por aguas generosas—, se congrega el pueblo en un día de fiesta. No es un lugar cualquiera: en él se encuentran los primeros vestigios de civilización del término municipal, desde pinturas neolíticas hasta restos de asentamientos romanos y árabes, testigos de su antigua relevancia.
Carroza de San Isidro para la Romería de Navalcán
Y la fuente de los Villarejos siempre está ahí, nos espera cada día a quienes transitamos estos caminos. Forma parte también de nuestra historia personal. El sonido sereno y alegre de sus aguas nos ha acompañado en momentos de soledad y de encuentro con nosotros mismos. Sentados en los últimos peldaños de la escalinata, a la sombra de la noguera, hemos pensado, soñado, añorado, reído y llorado; en definitiva, hemos conectado con nuestros anhelos, miedos, inseguridades, fortalezas e ilusiones.
Fuente de los Villarejos
La fuente de los Villarejos no es solo un lugar de la memoria colectiva de Noalejo, sino también un espacio íntimo donde se construye nuestra propia identidad. En ella se entrelazan lo individual y lo compartido, lo pasado y lo presente. En definitiva, es un lugar que aún tiene mucho que enseñarnos para comprender quiénes somos, cual es nuestra historia y recrearnos en esos relatos del agua que la fuente susurra a nuestros oídos.
José Manuel Martos Ortega
Quiero agradecer a las personas de Noalejo que generosamente están colaborando con mi investigación sobre la escuela de Noalejo y la enseñanza en los cortijos. Generosamente están compartiendo sus recuerdos. relatos e historias de vida para construir este proyecto coral para recuperar la memoria educativa y etnográfica de nuestro querido Noalejo.
Noguera de los Villarejos
Bibliografía
Amézcua, M. (1992), El Mayorazgo de Noalejo. Historia y etnografía de la comunidad rural. Granada: Ayuntamiento de Noalejo.
A las puertas de despedir el año 2025 y de adentrarnos con alegría e ilusión en el 2026, mis mejores deseos para esta nueva etapa de nuestra vida. Que el año que iniciamos sea un momento de crecimiento en el que trabajemos por hacer realidad nuestros sueños, proyectos e ilusiones.
Vista de Noalejo desde la «Granaina!
Este año que termina me ha permitido seguir avanzando en el estudio de la historia, la educación y las costumbres de nuestro querido pueblo, Noalejo. Pero también me ha permitido, calzando mis botas, cargando sobre mis espaldas con la mochila y llevando en mis manos el bastón que hace más llevadero el camino, recorrer, una vez más, los caminos que surcan el bello termino municipal de Noalejo.
Vista de Noalejo desde el Cerro de Santa Merced
MI felicitación la acompaño con algunas fotos tomadas durante este año desde distintos puntos de nuestras sierras o miradores que nos permiten contemplar la belleza de nuestro pueblo y su término municipal, con el deseo de que en él construyamos entre nosotros unas relaciones humanas impregnadas de empatía, solidaridad, escucha, acogida, alegría y respeto. Que valoremos nuestra historia, la educación y formación, nuestras tradiciones y costumbres como un patrimonio inmaterial del que hemos de estar orgullosos y hemos de conservar.
Vista de Noalejo desde la Cruz de la Montillana
Hace unos días subí con unos amigos a la cumbre de la «Granaina» para brindar por el nuevo año. Con este brindis quiero haceros llegar mis mejores deseos para este año. ¡Feliz y próspero 2026!