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Ritos de Semana Santa: El Cristo de la Soledad y el Sermón de las Siete Palabras de Noalejo

En la década de los años 50 del siglo XX, a las tres de la tarde, el pueblo se detenía para participar en la celebración del Sermón de las Siete Palabras. Esta práctica devocional, actualmente desaparecida, fue introducida por el párroco D. Maximino Ramírez Gómez y caló profundamente en las expresiones de religiosidad popular de Noalejo.

A la hora nona, es decir, a las tres de la tarde —hora en que muere Jesucristo en el Gólgota—, se abrían las puertas de la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Noalejo para dar inicio a la procesión con el Cristo de la Soledad, una escultura anónima de estilo granadino de gran belleza, posiblemente del siglo XVIII.

Vista de la Plaza de Noalejo desde la torre del templo parroquial de Noalejo. (Finales de los año 80)
Vista de la Plaza de Noalejo desde la torre del templo parroquial de Noalejo. (Finales de los año 80)

La imagen recorría la plaza del pueblo y, en un ambiente de gran sobriedad y solemnidad, los habitantes de Noalejo participaban con gran respeto en el sermón que el párroco pronunciaba con su característica y fluida oratoria al paso de la Imagen.

Sermón de las Siete Palabras de Noalejo (4 de abril de 1958. Foto cedida por la Familia Martínez Martínez
Sermón de las Siete Palabras de Noalejo (4 de abril de 1958. Foto cedida por la Familia Martínez Martínez

La fotografía que acompaña este texto, tomada durante el sermón el 4 de abril de 1958, muestra el ambiente que se vivía en la plaza mientras el cortejo avanzaba frente a la casa parroquial. Es una imagen de gran valor sentimental para mí, ya que mi padre, José Martos Olmo (D.E.P), portaba la imagen del Cristo aquel año (el primero en el travesaño inferior de la cruz, junto a los pies del Señor).

Tras los dos monaguillos que portaban los ciriales —que aún se conservan en la parroquia—, la hermosa imagen era llevada por un grupo de jóvenes que sostenían sobre sus hombros la cruz. La procesión se detenía bajo los balcones a los que subía el párroco, desde donde se meditaba, a través de los siete sermones que integraban el conjunto de la pieza de oratoria sagrada, sobre las siete frases que pronunció Jesús en la Cruz: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen»; «Hoy estarás conmigo en el paraíso»; «Mujer, ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre»; «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»; «Tengo sed»; «Todo está cumplido»; «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu».

Cristo de la Soledad de la Parroquia de Noalejo. (Anónimo, posiblemente del siglo XVIII)
Cristo de la Soledad de la Parroquia de Noalejo. (Anónimo, posiblemente del siglo XVIII)

Cargar sobre los hombros al Cristo de la Soledad para el Sermón de las Siete Palabras era expresión de la devoción y recogimiento con que se vivía el Viernes Santo en Noalejo, día de ayuno en el que las campanas del hermoso campanario del templo parroquial guardaban silencio y enmudecían en señal de luto por la muerte de Cristo, mientras la carraca invitaba a los fieles a participar en los actos litúrgicos y las procesiones.

Alguna vez mi padre me contó cómo, desde bien entrada la mañana, se preparaban en los humildes hogares de Noalejo los habitantes del pueblo para participar en este acto devocional. Así, mi abuela, Antonia Olmo Fernández, cada Viernes Santo decía a sus cinco hijos: «Hoy os ponéis el traje y vais a llevar al Señor en el sermón por la plaza». Esta era la invitación que muchas madres y abuelas hacían a sus hijos y nietos jóvenes esa mañana: que se vistieran con el traje reservado para las grandes ocasiones, la camisa blanca, recién planchada, abrochada hasta el cuello en señal de respeto, y que fuesen a llevar al Cristo de la Soledad ese mediodía , clavado en la cruz, muerto y con el costado traspasado por la lanza del centurión, para ser los pies del Señor mientras recorrían la plaza del pueblo rememorando lo ocurrido en el Gólgota.

Por otra parte, la fotografía refleja el profundo ambiente de respeto, recogimiento y devoción con que los habitantes del pueblo vivían este ejercicio piadoso. Llama especialmente la atención en la misma el numeroso grupo de hombres arrodillados ante el paso del Señor que lo contemplan desde el interior de la plaza.

Cristo de la Soledad de la Parroquia de Noalejo. (Anónimo, posiblemente del siglo XVIII)
Cristo de la Soledad de la Parroquia de Noalejo. (Anónimo, posiblemente del siglo XVIII)

La celebración del Sermón de las Siete Palabras desapareció en la década de los años 60 del siglo pasado y se sustituyó por el ejercicio del Viacrucis que recorre las calles del pueblo el Viernes Santo desde la ermita de la Virgen de Belén hasta el templo parroquial.


La imagen del Cristo de la Soledad ya no procesiona, pues preside la parte alta del retablo de la capilla mayor y, por problemas logísticos, sería difícil bajarla cada año. Es una imagen hermosísima que despierta un profundo sentimiento y emoción religiosa, como puede apreciarse en las fotografías que acompañan este artículo y será objeto de un estudio más minucioso en este blog en un futuro próximo.

José Manuel Martos Ortega

Agradezco a la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Noalejo y a la familia Martínez Mártinez el haber ofrecido y compartido las fotografías que ilustran esta entrada de blog.

Nuestro Padre Jesús Nazareno de Noalejo (José Navas Parejo. Década de los años 40 del siglo XX).

El Nazareno de Noalejo

Entre las expresiones devocionales que laten con más hondura en la Semana Santa de Noalejo, destaca la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, salida de las manos del escultor malagueño afincado en Granada, José Navas Parejo. En la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora pervive así su legado, pues su gubia dio en la década de los años 40 del siglo pasado la forma y el alma a gran parte de las imágenes que vinieron a sustituir a las desaparecidas en julio de 1936: el Sagrado Corazón de Jesús, la Virgen del Carmen, la Virgen del Rosario y el propio Nazareno. Del mismo modo, también restauró los desperfectos de otras tallas, como el Cristo de la Soledad, que preside el retablo del altar mayor y la Virgen de los Dolores, dejando en todas ellas la huella serena de su arte y estilo propio, inspirado en la escuela barroca de escultura granadina.

Nuestro Padre Jesús Nazareno de Noalejo (José Navas Parejo. Década de los años 40 del siglo XX).
Nuestro Padre Jesús Nazareno de Noalejo (José Navas Parejo. Década de los años 40 del siglo XX).

La imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno es una talla en madera policromada, de bulto redondo, adscrita a la tipología de imágenes de vestir o de candelero. Iconográficamente, representa a Cristo coronado de espinas y portando la cruz sobre sus hombros, camino del Calvario para ser crucificado en la mañana del primer Viernes Santo.

Nuestro Padre Jesús Nazareno de Noalejo (José Navas Parejo. Década de los años 40 del siglo XX).
Nuestro Padre Jesús Nazareno de Noalejo (José Navas Parejo. Década de los años 40 del siglo XX).
Nuestro Padre Jesús Nazareno de Noalejo (José Navas Parejo. Década de los años 40 del siglo XX).
Nuestro Padre Jesús Nazareno de Noalejo (José Navas Parejo. Década de los años 40 del siglo XX).

Uno de los elementos más significativos de esta talla radica en sus evidentes similitudes formales e iconográficas con la imagen de Jesús del Rescate de Granada, obra de Diego de Mora. En dicha escultura, el insigne imaginero del siglo XVIII realizó una de las representaciones más bellas de Cristo Preso y presentado al pueblo, dentro de la tradición barroca granadina.

El análisis comparativo entre el Nazareno de Noalejo y el Rescate de Granada permite advertir cómo Navas Parejo retoma y adapta determinados rasgos iconográficos característicos del «Señor de Granada«: el rostro enjuto y de acusados pómulos, la barba bífida, la nariz recta y afinada, así como la presencia de un hematoma en la mejilla izquierda y la contenida expresión del sufrimiento, evidenciada en la escasa presencia de sangre en el rostro. Todo ello remite a una interpretación sobria y contenida del dolor, en sintonía con los cánones estéticos heredados de la escuela granadina.

Nuestro Padre Jesús Nazareno de Noalejo (José Navas Parejo. Década de los años 40 del siglo XX).
Nuestro Padre Jesús Nazareno de Noalejo (José Navas Parejo. Década de los años 40 del siglo XX).
Nuestro Padre Jesús Nazareno de Noalejo (José Navas Parejo. Década de los años 40 del siglo XX).
Nuestro Padre Jesús Nazareno de Noalejo (José Navas Parejo. Década de los años 40 del siglo XX).

Del mismo modo, en consonancia con los modelos iconográficos del círculo de los Mora, en los que se inspira José Navas Parejo, se configura una imagen de un Cristo paciente, de mirada baja y ensimismada, que transmite una actitud de aceptación serena del sufrimiento. Esta interpretación, heredera de la tradición granadina, se caracteriza por la contención expresiva y la introspección psicológica, alejándose de los excesos dramáticos para centrarse en la dimensión espiritual de la Pasión. La imagen, concebida como objeto de culto, suscita en el fiel una respuesta emocional basada en la compasión y en un dolor contenido, acorde con los ideales devocionales que la inspiran.

Al anochecer del Jueves Santo, después de la celebración de la Cena del Señor, la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno recorre las calles de Noalejo en una procesión de marcado carácter sobrio y devocional. El cortejo, desarrollado en ocasiones en silencio y otras acompañado únicamente por el redoble de un tambor, acentúa la dimensión contemplativa de esta austera procesión, muy coherente con la idiosincrasia sobria del pueblo en sus manifestaciones de religiosidad popular. La escenificación refuerza el sentido iconográfico de la talla, que representa a Cristo paciente y resignado, llevando la cruz en su camino hacia el Calvario, evocando así el episodio histórico de la Pasión ocurrido en Jerusalén hace casi dos milenios.

José Manuel Martos Ortega

Salida desde la Parroquia la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Noalejo (José Navas Parejo. Década de los años 40 del siglo XX).
Salida desde la Parroquia la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Noalejo (José Navas Parejo. Década de los años 40 del siglo XX).
Procesión de la Imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Noalejo (José Navas Parejo. Década de los años 40 del siglo XX).
Procesión de la Imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Noalejo (José Navas Parejo. Década de los años 40 del siglo XX).
Procesión de la Imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Noalejo (José Navas Parejo. Década de los años 40 del siglo XX).
Procesión de la Imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Noalejo (José Navas Parejo. Década de los años 40 del siglo XX).

irgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.

Origen de la devoción a la Virgen de los Dolores en Noalejo

La Semana Santa de Noalejo está vinculada a una de las imágenes de gran belleza a la que se da culto en la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora: la Virgen de los Dolores. Una talla atribuida a la escuela granadina, posiblemente de finales del siglo XVIII.

irgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.
Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.

En el sobrio y elegante templo parroquial, en cuya construcción se cree que intervino el maestro cantero Juan de Lizarza Vizcaíno —quien residió en Noalejo entre 1570 y 1575 mientras trabajaba en la parroquia de Santiago Apóstol de Valdepeñas de Jaén (Gila, 1991)—, esta bella Dolorosa preside, junto a la imagen del Cristo Yacente (conocido en el pueblo como Santo Entierro), la capilla lateral derecha, añadida en una de las reformas posteriores del templo.

Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.
Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.

En la noche de Viernes Santo, envuelta en la austeridad propia de este día y en plena sintonía con la sobriedad de las manifestaciones tradicionales de religiosidad popular del pueblo, la Virgen de los Dolores sale del templo parroquial para recorrer las calles noalejeras tras la imagen del Cristo Yacente.

El itinerario se inicia por la calle Párroco Pérez —conocida como calle de los Frailes, en recuerdo del antiguo Convento de la Victoria de la Orden de los Mínimos, fundado por Mencía de Salcedo en 1552-1556 —, continúa por la tortuosa calle Alcantarilla, que evoca la Vía Dolorosa de Jerusalén, y prosigue entre callejuelas hasta regresar a la Plaza. Desde allí, la procesión asciende por la calle Real hasta las Cuatro Esquinas, para volver finalmente por la popular calle de las Parras hasta la Iglesia.

A lo largo del recorrido se alternan marchas procesionales de gran solemnidad con el canto y el rezo de los Dolores de la Virgen, en un ambiente de profundo recogimiento. Se trata de una procesión sobria y solemne, de marcado carácter devocional, en la que la tenue luz de las velas ilumina las calles en la oscuridad de la noche, evocando el camino que recorrió la Virgen hasta dar sepultura al cuerpo inerte de su Hijo. Es la jornada en la que se cumplen en la Madre Dolorosa las palabras proféticas del anciano Simeón en el templo de Jerusalén, el día de la presentación del Niño y la purificación de la Virgen: «Y a ti misma una espada te traspasará el alma» (Lc 2, 35).

Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.
Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.

1.- Orígenes de la devoción a la Virgen de los Dolores

Una vez más, un hecho histórico se encuentra en el origen de la devoción a la Virgen de los Dolores en Noalejo: la vinculación eclesiástica de la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora a la Abadía de Alcalá la Real.

El 13 de abril de 1552 se emitió la bula por la que se otorgaba la jurisdicción eclesiástica ordinaria de la parroquia —fundada por Mencía de Salcedo— al abad de Alcalá la Real, mientras se resolvía el litigio existente entre el arzobispado de Granada y el obispado de Jaén. Esta disposición se hizo efectiva en 1568, siendo abad D. Diego de Ávila y Zúñiga, y se mantuvo vigente hasta 1851, año en que la abadía fue suprimida tras el Concordato de ese mismo año (Amezcua, 1992; Martínez Rojas, 1999; Garrido, 1996). Durante esos años la influencia de la abadía se va a hacer patente no solo en los aspectos administrativos y jurisdiccionales eclesiásticos, sino también lo artístico y devocional, como es el caso que nos ocupa.

Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.
Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.

En la magistral obra de Diego Garrido Espinosa de los Monteros, Historia de la Abadía de Alcalá la Real, en la que se recoge una semblanza de los distintos abades alcalaínos y de los principales hitos de sus pontificados—en una magnífica edición debida a Francisco Toro Ceballos y Domingo Murcia Rosales (Garrido, 1996)—, se ofrece una información fundamental en relación a los orígenes de la devoción a la Virgen de los Dolores en Noalejo.

Al presentar la figura del abad don Esteban Lorenzo de Mendoza y Gatica, natural de Jerez de la Frontera y rector de la abadía entre 1778 y 1790, el autor señala, entre los hechos más destacados de su pontificado, lo siguiente:

«En el año 1780 se solicitó de la Ciudad permiso para el establecimiento para el establecimiento y fundación de la cofradía de la Esclavitud de los Dolores de Nuestra Señora en el convento de Consolación, a solicitud del padre lector de moral, la que se dio. Y habiendo acudido al Consejo por decreto de él se aprobó y dio la licencia. Y en el año 1781 quedó establecida dicha Esclavitud. Se estableció el septenario con sermones que se hace a referida sagrada imagen, los siete días anteriores al Viernes de Dolores, con mucha iluminación de cera, música y gran concurso de fieles. Y todos los viernes del año en la tarde, hay ejercicios. Referido padre estableció esta devoción en la Villa de Noalejo y la de la Cortijada de Frailes de este término. Todo esto consta de los papeles de esta cofradía que se hayan en el convento» (Garrido, pp. 236)

Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.
Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.

Por tanto, fue un fraile de la Orden Tercera Franciscana, perteneciente al convento de Consolación de Alcalá la Real —concretamente el padre lector de moral— quien impulsó la devoción a la Virgen de los Dolores. Este religioso fundó en su convento en 1781 la Esclavitud de los Dolores de Nuestra Señora, promoviendo ejercicios piadosos en torno a esta advocación y extendiendo dicha devoción a otros lugares del territorio de la abadía, entre ellos la villa de Noalejo.

Así, el culto a la Virgen de los Dolores en Noalejo se remonta a finales del siglo XVIII y, según los datos aportados por Garrido Espinosa de los Monteros en su obra, puede situarse entre los años 1781 y 1787.

Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.
Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.

Cabe preguntarse, sin embargo, quién fue aquel fraile lector que introdujo en Noalejo la devoción a la Virgen de los Dolores. El propio autor nos proporciona su nombre: fray Juan Moreno, natural de Lucena, y aporta además algunos datos de interés sobre su figura y las circunstancias que rodearon la difusión de esta devoción.

«Y estando referido padre solicitando estas licencias y dando tan buenos pasos, cayó malo de tabardillo, y el que le asistía, habiendo salido fuera de la celda a diligencia, con la fuerza del delirio, se arrojó una madrugada por la ventana de la celda del último claustro alto, en camisa y con su gruesidad y peso del cuerpo, y alto de más de seis varas, cayó al tejado de la cocina del convento, quebró todas las tejas que pilló el cuerpo y después cayó desde allí a la huerta, que hay más de ocho varas. Y habiéndolo sentido creyeron los padres ser ladrones, los que salieron alborotados, tirándole piedras, que la fortuna fue no acertarle, y habiendo otros acudido a las armas de fuego, por haberse refugiado en un rincón de la huerta, a cuyo tiempo el que le asitía, habiendo vuelto, echándoles de menos, dió voces diciendo lo ocurrido y habiéndole conducido a su celda y cama, sin embargo, de ser en el mes de febrero, tiempo tan frio, desde luego se conoció la mejoría y no se le encontró lesión la más leve en el cuerpo. Y le he oído decir siempre que el enemigo le arrojó por allí. Y vive hoy, 27 de junio de 1787, premiando Dios su celo y devoción que tenía y tiene a su Madre Santísima, pues su devoción es sin igual. Y quiso el enemigo quitarle la vida porque no se estableciese esta devoción, sin embargo de otras contradicciones que tuvo de sus propios religiosos y de otras personas. Se llama fray Juan Moreno, natural de Lucena (f. 327)» (Garrido pp. 236)

Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.
Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.

Gracias a la labor apostólica de aquel fraile del convento de Consolación de Alcalá la Real, fray Juan Moreno, natural de Lucena, Noalejo ha rendido culto a los Dolores de la Virgen durante más de dos siglos, desde finales del siglo XVIII hasta nuestros días.

3.- Una imagen devocional que invita a la contemplación

Algunos restauradores y expertos en Historia del Arte, al contemplar la imagen de la Virgen de los Dolores de Noalejo, han señalado que, por sus rasgos estilísticos, podría atribuirse a la escuela granadina.

Cabe suponer, asimismo, que el establecimiento de esta devoción llevara consigo la realización de una imagen para su culto. La cercanía a Granada hace plausible que el encargo se realizara en dicha ciudad, donde trabajaban y estaban asentados destacados escultores de imaginería religiosa, en torno a los cuales surgieron importantes círculos artísticos de cuyas manos salieron auténticas joyas escultóricas y devocionales. De ser así, nos encontraríamos ante una talla que se puede datar a finales del siglo XVIII. Quizás en algún momento los archivos podrían verificar esta hipótesis.

Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.
Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.

En efecto, al contemplar la imagen se percibe con claridad esa influencia granadina, apreciable en su expresividad, donde el dolor se entrelaza con la serenidad y la dulzura, alejándose de todo dramatismo extremo. La imagen inspira un profundo sentimiento religioso, capaz de suscitar emoción y, al mismo tiempo, transmitir una intensa experiencia de paz y ternura.

La imagen sufrió graves desperfectos en el año 1936, perdiéndose el candelero y las manos. Afortunadamente, se conservó la cabeza, lo que permitió su posterior reconstrucción. Esta fue llevada a cabo por el escultor José Navas Parejo en la década de los años 40 del siglo pasado, quien le otorgó la apariencia que hoy conocemos.

Nos encontramos ante una imagen de profunda carga devocional para el pueblo, que invita a la contemplación silenciosa. Con este vídeo queremos compartir, en la medida de lo posible, esa experiencia; aunque, ciertamente, nunca lograremos transmitir plenamente la emoción que nace al situarse ante ella y detenerse en su rostro materno que, en medio del dolor, conmueve por su serenidad, dulzura y paz.

José Manuel Martos Ortega

Bibliografía

Amézcua, M. (1992), El Mayorazgo de Noalejo. Historia y etnografía de la comunidad rural. Granada: Ayuntamiento de Noalejo.

Garrido, D. (1996), Historia de la Abadía de Alcalá la Real. Jaén: Diputación de Jaén (Edición preparada por Francisco Toro Ceballos y Domingo Murcia Rosales.

Gila, L. (1991), Arte y artistas del Renacimiento en torno a la Real Abadía de Alcalá la Real. Granada: Universidad de Granada y Ayuntamiento de Alcalá la Real.

Martínez Rojas, F.J. (1999), Aproximación a la Historia de la Iglesia de Jaén. Jaén: Obispado de Jaén.

La celebración de la Candelaria en Noalejo

El día 2 de febrero, a los cuarenta días del Nacimiento del Señor, Noalejo vuelve a vivir una nueva festividad con un marcado carácter popular, la fiesta de la Candelaria, en la que se conmemora la presentación del Niño Jesús en el Templo y la purificación de la Virgen María, según establecía la religión judía.

1.- La procesión de la Virgen del Rosario con el Niño Jesús, vestido de mantillas

Antiguamente la fiesta se celebraba de la siguiente forma:

«Este día existía la costumbre de sacar la Virgen a Misa, que promovía la hermandad del Rosario. La procesión se hacía por la mañana alrededor de la iglesia, en la que sacaban a la Virgen con el Niño vestido de mantillas. Cuando después de la procesión todos entraban en la iglesia, el cura se quedaba fuera con la imagen del Niño, llamaba a la puerta, entraba y colocaba nuevamente la imagen entre los brazos de la Virgen» (Amezcua, 1992, pp. 177)

Imagen de la Virgen del Rosario (José Navas Parejo. Siglo XX) ataviada para la celebración de la Candelaria

Dicha fiesta siempre ha estado vinculada a la Hermandad de la Virgen del Rosario, la más antigua e importante de la población. La procesión de la Virgen con el Niño vestido de mantillas se suprime en la década de los años 60 del siglo XX, al desaparecer la Hermandad. Con la constitución del Grupo Parroquial de la Virgen en la última década del siglo XX se recupera la procesión de la Candelaria.

Procesión de la Candelaria en Noalejo
Procesión de la Candelaria en Noalejo

Actualmente, al atardecer y al inicio de la celebración de la Misa, la Virgen del Rosario, vestida con un terno de sedas, en señal de fiesta, y portando una vela en la mano y llevando en sus brazos al Niño vestido de mantillas, sale a la calle para realizar una breve procesión que integra el lucernario litúrgico propio de este día. Los vecinos y vecinas de Noalejo van detrás de la Virgen del Rosario, portando velas en su manos y entonando cantos a lo largo del recorrido que discurre por la plaza del pueblo. También acompañan los niños que han sido bautizados a lo largo del año anterior, acompañados de sus padres. Un ritual breve y sobrio pero de gran belleza.

Al volver a la Iglesia Parroquial de la Asunción de Nuestra Señora, prosigue la celebración de la Misa y al final de la misma se presentan los niños y niñas bautizados en el último año a la Virgen del Rosario.

2.- La lumbre de la Candelaria

Con la recuperación de la fiesta a finales del siglo XX, se ha incorporado a la misma la quema de una gran lumbre, que prepara el Ayuntamiento de Noalejo, en la puerta de la Iglesia.

Lumbre de la Candelaria de Noalejo

Esta práctica se enmarca en la tradición de quemar lumbres familiares en Noalejo en la víspera de san Antón y en la noche de la Candelaria.

Al finalizar la Misa el párroco bendice el fuego, antes de prender la lumbre hecha con maderas y ramas de olivos.

Los vecinos y vecinas de Noalejo rodean la lumbre, en las noches frías de Noalejo, mientras comparten la barbacoa, que prepara el Ayuntamiento de Noalejo, en la que se degustan chacinas típicas de Noalejo y unas bebidas, manteniendo un animado rato de convivencia vecinal.

Lumbre de la Candelaria de Noalejo
Lumbre de la Candelaria de Noalejo

Son tradiciones que se han recuperado y se están enriqueciendo gracias a la colaboración institucional de la Parroquia y el Ayuntamiento de Noalejo.

Lumbre de la Candelaria de Noalejo

Bibliografía

Amézcua, M. (1992), El Mayorazgo de Noalejo. Historia y etnografía de la comunidad rural. Granada: Ayuntamiento de Noalejo.

¡Hasta san Antón, Pascuas son! Las lumbres de Noalejo

En el sentir popular de Noalejo hay un refrán que marca el inicio del año en los primeros días del frio y helador enero: ¡hasta san Antón Pascuas son!. Y es que san Antonio Abad, protector de los animales, ha sido festejado en el pueblo desde hace siglos y la expresión más característica de dicha fiesta ha sido las lumbres de san Antón.

1.- El culto a san Antón en Noalejo

En Noalejo el culto a san Antón se remonta a siglos atrás. Un documento del año 1736 nos describe aspectos de la fiesta de este santo eremita en Noalejo, a la que denomina de «inmemorial costumbre». Esta que consistía en una procesión hasta la Cruz de Hierro, cantando las letanías mayores, llevando en andas a San Antonio Abad para volver a la Iglesia y oír la misa cantada en honor del Santo. Con el tiempo se convirtió en una gran romería con bendición general de los animales domésticos (Amezcua, 1992). También tenemos constancia de que en el siglo XIX se continúa celebrando dicha procesión anual (Archivo Historico Provincial) y que ésta se realizó durante la primera mitad del siglo XX, según los testimonios orales de los vecinos y vecinas del pueblo.

San Antón de la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Noalejo (Manuel González Mesa, 1941)
San Antón de la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Noalejo (Manuel González Mesa, 1941)

En la iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora se venera una imagen de San Antón o San Antonio Abad. Este santo, patrón y protector de los animales, nació en el año 251 en una población del alto Egipto. A los 20 años repartió sus bienes a los pobres y se retiró al desierto para llevar una vida ascética y de oración. Fundó varios monasterios y predicó activamente defendiendo la fe durante las persecuciones arrianas. Murió el 17 de enero del año 356.

Inscripción de autoría de la imagen de San Antón de Noalejo (Manuel González Muñoz, 1941)
Inscripción de autoría de la imagen de san Antón de Noalejo (Manuel González Muñoz, 1941)

Nuestra imagen de san Antón, tal y como se atestigua en la firma que encontramos en la peana de la misma, es obra del escultor granadino Manuel González Muñoz. Se realizó en 1941 para restaurar el culto al santo en el pueblo, ya que la anterior imagen fue destruida en la contienda del año 1936. Este escultor realizó distintas obras en la década de los 40 del siglo XX para distintas poblaciones de la provincia de Granada y Almería, recogiendo en sus obras las características de la escuela de escultura granadina. Nació el 28 de junio de 1910 en un enclave muy granadino, la cuesta de Gomérez, estudió en la Escuela de Artes y Oficios de Granada, se especializó en escultura religiosa (Sánchez y Martínez, 2024) y situó su taller en el entorno de la iglesia albaicinera de San José de Granada.

San Antón de la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Noalejo (Manuel González Mesa, 1941)
San Antón de la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Noalejo (Manuel González Mesa, 1941)

Esta imagen de San Antón presenta las características principales de la iconografía del santo eremita. Se representa como un anciano, vestido con el hábito de la Orden de los Hospitalarios de Constantinopla (Orden de los Caballeros del Hospital de San Antonio), que se pusieron bajo su protección, con una cruz en el pecho, sujetando en una mano un bastón y en la otra un libro, evocando su vida de recogimiento y meditación.

Pero no podemos olvidar el elemento más característicos y popular de la iconografía en torno al santo: un cerdo o un marranillo (tal y como se denomina en Noalejo) a sus pies: el marranillo de San Antón. Evocando la leyenda popular que narra el episodio en el que el Santo se encontró con un cerdo salvaje, acompañado de sus crías enfermas. El santo curó a las mismas y desde ese momento el cerdo o marrano lo acompañó durante toda su vida. De aquí la razón de considerarlo como protector de los animales.

Detalle del marranillo de la imagen de San Antón de la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Noalejo (Manuel González Mesa, 1941)
Detalle del marranillo de la imagen de san Antón de la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Noalejo (Manuel González Mesa, 1941)

Este hecho de la vida del Santo va a plasmarse en las tradiciones de Noalejo, al igual que en otros pueblos del entorno, en la costumbre, ya desaparecida, del marranillo de san Antón. Manuel Amezcua, Cronista Oficial de Noalejo, la describe así, en su obra El Mayorazgo de Noalejo: «existía también la costumbre del marranillo de san Antón, que era un lechón que deambulaba por las calles del pueblo buscando su sustento. Cuando se paraba en la puerta de un vecino, éste se obligaba a darle de comer y cuando anochecía le daban cobijo en la casa donde se recostaba. Se le podía distinguir por un lazo rojo que llevaba al cuello con un cascabel y cuando estaba bien cebado, coincidiendo con la fiesta de san Antón, era rifado entre el vecindario y el que le tocaba en suerte lo sacrificaba o lo vendía. Con los fondos recaudados en la rifa se compraba un nuevo lechón que se empezaba a cebar para el año siguiente y el resto del producto se destinaba a obras benéficas de la hermandad» (1992, pp. 176).

La talla de San Antón, de gran belleza, se venera actualmente en la nave central del templo parroquial y ha sido restaurada hace unos años dentro del interesante y cuidado programa de restauración y conservación del patrimonio parroquial que se está llevando a cabo.

2.- La lumbres de san Antón

Junto al culto litúrgico al santo, la tradición más popular estaba vinculada al encendido de lumbres en la noche de la víspera del día de san Antón (17 de enero). Una tradición que, desgraciadamente, se está perdiendo en el pueblo.

La celebración de las lumbres o «sanantones» era una costumbre muy arraigada y de carácter eminentemente familiar, en la que los vecinos se reunían para encender una lumbre, pidiendo la protección y el cuidado del santo sobre los animales de las casas, que eran tan importantes para el sustento de las familias: el mulo o el burro, fundamentales para las faenas agrícolas; las gallinas, conejos, cerdos y la cabra, sobre los que se fundamentaba el sustento de las mismas, junto a los productos del campo.

Lumbre de San Antón de Noalejo
Lumbre de san Antón de Noalejo

En la víspera de la fiesta era habitual contemplar entrar a Noalejo burros y mulos cargados de haces de abulagas y otros arbustos que se cortaban en las sierras que rodean al pueblo para esa noche encender las luminarias en honor al santo, en las que también se quemaban aparejos y serones viejos que se desechaban como aperos del campo.

Lumbre de San Antón de Noalejo
Lumbre de san Antón de Noalejo

Esa noche el pueblo se salpicaba de lumbres, rodeadas de vecinos y vecinas, que conversaban animadamente, cantaban y compartían unos tragos de vino de la bota, unas rosetas o «flores», como se denominan en Noalejo, y festejan de forma sencilla y popular.

En las noches de los heladeros eneros (no en vano hay otra expresión popular de Noalejo que alude a las heladas y escarchas que caen en esta época: «ha caído la gallina o pava de san Antón«, evocando el blanco con que amanecen recubiertos los campos), estar en torno a la lumbre era una experiencia muy agradable y festiva para seguir celebrando y festejando después de la cercana Navidad, pues, como dice el refrán, ¡hasta san Antón Pascuas son!. El atizar la lumbre de san Antón, además de implorar la bendición del santo sobre los animales domésticos, era una experiencia de vecindad, una ocasión para seguir avivando los lazos familiares y de amistad que eran tan importantes en el pueblo, en un momento en que las humildes casas de Noalejo estaban abiertas de unos vecinos para otros, generándose unas relaciones casi familiares, en las que se compartía sin alarde lo poco que se tenía.

Lumbre de San Antón de Noalejo
Lumbre de san Antón de Noalejo

En torno a la lumbre, los vecinos hacían un corro para rodearla, mientras se cantaba la copla típica de esta noche: «San Antón, san Antón, que me guardes un rincón, en el cielo sí, en el infierno no» y otros cantos populares como «El corro la patata«, «El patio de mi casa«, «A la flor del romero» o «Estaba el señor, don Gato«.

El Coro-Rondalla "Nuestra Señora de Belén" cantando en torno a una lumbre de San Antón de Noalejo (Foto: Diario Jaén)
El Coro-Rondalla «Nuestra Señora de Belén» cantando en torno a una lumbre de san Antón de Noalejo (Foto: Diario Jaén. 17 de enero de 2018)

Pero el momento más esperado de la noche, al bajar la intensidad de las llamas y comenzar a haber rescoldo, era cuando los niños y jóvenes comenzaban a saltar la lumbre, entre aplausos y algarabía de los asistentes. Un verdadero espectáculo festivo y muy divertido que muchos vecinos y vecinas recuerdan con añoranza.

Lumbre de San Antón de Noalejo (Foto: Diario Jaén)
Salto de una lumbre de san Antón de Noalejo (Foto: Diario Jaén. (17 de enero de 2018)
Lumbre de San Antón de Noalejo (Foto: Diario Jaén)
Salto de una lumbre de san Antón de Noalejo (Foto: Diario Jaén. 17 de enero de 2018)

Entre risas, cantos y aplausos, sin darse cuenta, llegaba el instante menos deseado por todos: «darle la patá a la lumbre« y terminar así con esta fiesta popular de los vecinos para volver cada uno a su casa, bien entrada la noche, y descansar para proseguir al día siguiente con las faenas cotidianas.

¡Viva san Antón!

José Manuel Martos Ortega

Bibliografía

Amézcua, M. (1992), El Mayorazgo de Noalejo. Historia y etnografía de la comunidad rural. Granada: Ayuntamiento de Noalejo.

Sánchez, P. y Martínez, A. (2024), Los años olvidados de la Escuela de Arte y Oficios de Granada. El Independiente de Granada (18 de mayo de 2024). Disponible en: https://www.elindependientedegranada.es/politica/anos-olvidados-escuela-artes-oficios-granada

Una tradición que sobrevive. Diario Jaén (17 de enero de 2018). Disponible en: https://www.diariojaen.es/provincia/una-tradicion-que-sobrevive-IB3672028