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Ritos de Semana Santa: El Cristo de la Soledad y el Sermón de las Siete Palabras de Noalejo

En la década de los años 50 del siglo XX, a las tres de la tarde, el pueblo se detenía para participar en la celebración del Sermón de las Siete Palabras. Esta práctica devocional, actualmente desaparecida, fue introducida por el párroco D. Maximino Ramírez Gómez y caló profundamente en las expresiones de religiosidad popular de Noalejo.

A la hora nona, es decir, a las tres de la tarde —hora en que muere Jesucristo en el Gólgota—, se abrían las puertas de la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Noalejo para dar inicio a la procesión con el Cristo de la Soledad, una escultura anónima de estilo granadino de gran belleza, posiblemente del siglo XVIII.

Vista de la Plaza de Noalejo desde la torre del templo parroquial de Noalejo. (Finales de los año 80)
Vista de la Plaza de Noalejo desde la torre del templo parroquial de Noalejo. (Finales de los año 80)

La imagen recorría la plaza del pueblo y, en un ambiente de gran sobriedad y solemnidad, los habitantes de Noalejo participaban con gran respeto en el sermón que el párroco pronunciaba con su característica y fluida oratoria al paso de la Imagen.

Sermón de las Siete Palabras de Noalejo (4 de abril de 1958. Foto cedida por la Familia Martínez Martínez
Sermón de las Siete Palabras de Noalejo (4 de abril de 1958. Foto cedida por la Familia Martínez Martínez

La fotografía que acompaña este texto, tomada durante el sermón el 4 de abril de 1958, muestra el ambiente que se vivía en la plaza mientras el cortejo avanzaba frente a la casa parroquial. Es una imagen de gran valor sentimental para mí, ya que mi padre, José Martos Olmo (D.E.P), portaba la imagen del Cristo aquel año (el primero en el travesaño inferior de la cruz, junto a los pies del Señor).

Tras los dos monaguillos que portaban los ciriales —que aún se conservan en la parroquia—, la hermosa imagen era llevada por un grupo de jóvenes que sostenían sobre sus hombros la cruz. La procesión se detenía bajo los balcones a los que subía el párroco, desde donde se meditaba, a través de los siete sermones que integraban el conjunto de la pieza de oratoria sagrada, sobre las siete frases que pronunció Jesús en la Cruz: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen»; «Hoy estarás conmigo en el paraíso»; «Mujer, ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre»; «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»; «Tengo sed»; «Todo está cumplido»; «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu».

Cristo de la Soledad de la Parroquia de Noalejo. (Anónimo, posiblemente del siglo XVIII)
Cristo de la Soledad de la Parroquia de Noalejo. (Anónimo, posiblemente del siglo XVIII)

Cargar sobre los hombros al Cristo de la Soledad para el Sermón de las Siete Palabras era expresión de la devoción y recogimiento con que se vivía el Viernes Santo en Noalejo, día de ayuno en el que las campanas del hermoso campanario del templo parroquial guardaban silencio y enmudecían en señal de luto por la muerte de Cristo, mientras la carraca invitaba a los fieles a participar en los actos litúrgicos y las procesiones.

Alguna vez mi padre me contó cómo, desde bien entrada la mañana, se preparaban en los humildes hogares de Noalejo los habitantes del pueblo para participar en este acto devocional. Así, mi abuela, Antonia Olmo Fernández, cada Viernes Santo decía a sus cinco hijos: «Hoy os ponéis el traje y vais a llevar al Señor en el sermón por la plaza». Esta era la invitación que muchas madres y abuelas hacían a sus hijos y nietos jóvenes esa mañana: que se vistieran con el traje reservado para las grandes ocasiones, la camisa blanca, recién planchada, abrochada hasta el cuello en señal de respeto, y que fuesen a llevar al Cristo de la Soledad ese mediodía , clavado en la cruz, muerto y con el costado traspasado por la lanza del centurión, para ser los pies del Señor mientras recorrían la plaza del pueblo rememorando lo ocurrido en el Gólgota.

Por otra parte, la fotografía refleja el profundo ambiente de respeto, recogimiento y devoción con que los habitantes del pueblo vivían este ejercicio piadoso. Llama especialmente la atención en la misma el numeroso grupo de hombres arrodillados ante el paso del Señor que lo contemplan desde el interior de la plaza.

Cristo de la Soledad de la Parroquia de Noalejo. (Anónimo, posiblemente del siglo XVIII)
Cristo de la Soledad de la Parroquia de Noalejo. (Anónimo, posiblemente del siglo XVIII)

La celebración del Sermón de las Siete Palabras desapareció en la década de los años 60 del siglo pasado y se sustituyó por el ejercicio del Viacrucis que recorre las calles del pueblo el Viernes Santo desde la ermita de la Virgen de Belén hasta el templo parroquial.


La imagen del Cristo de la Soledad ya no procesiona, pues preside la parte alta del retablo de la capilla mayor y, por problemas logísticos, sería difícil bajarla cada año. Es una imagen hermosísima que despierta un profundo sentimiento y emoción religiosa, como puede apreciarse en las fotografías que acompañan este artículo y será objeto de un estudio más minucioso en este blog en un futuro próximo.

José Manuel Martos Ortega

Agradezco a la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Noalejo y a la familia Martínez Mártinez el haber ofrecido y compartido las fotografías que ilustran esta entrada de blog.

irgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.

Origen de la devoción a la Virgen de los Dolores en Noalejo

La Semana Santa de Noalejo está vinculada a una de las imágenes de gran belleza a la que se da culto en la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora: la Virgen de los Dolores. Una talla atribuida a la escuela granadina, posiblemente de finales del siglo XVIII.

irgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.
Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.

En el sobrio y elegante templo parroquial, en cuya construcción se cree que intervino el maestro cantero Juan de Lizarza Vizcaíno —quien residió en Noalejo entre 1570 y 1575 mientras trabajaba en la parroquia de Santiago Apóstol de Valdepeñas de Jaén (Gila, 1991)—, esta bella Dolorosa preside, junto a la imagen del Cristo Yacente (conocido en el pueblo como Santo Entierro), la capilla lateral derecha, añadida en una de las reformas posteriores del templo.

Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.
Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.

En la noche de Viernes Santo, envuelta en la austeridad propia de este día y en plena sintonía con la sobriedad de las manifestaciones tradicionales de religiosidad popular del pueblo, la Virgen de los Dolores sale del templo parroquial para recorrer las calles noalejeras tras la imagen del Cristo Yacente.

El itinerario se inicia por la calle Párroco Pérez —conocida como calle de los Frailes, en recuerdo del antiguo Convento de la Victoria de la Orden de los Mínimos, fundado por Mencía de Salcedo en 1552-1556 —, continúa por la tortuosa calle Alcantarilla, que evoca la Vía Dolorosa de Jerusalén, y prosigue entre callejuelas hasta regresar a la Plaza. Desde allí, la procesión asciende por la calle Real hasta las Cuatro Esquinas, para volver finalmente por la popular calle de las Parras hasta la Iglesia.

A lo largo del recorrido se alternan marchas procesionales de gran solemnidad con el canto y el rezo de los Dolores de la Virgen, en un ambiente de profundo recogimiento. Se trata de una procesión sobria y solemne, de marcado carácter devocional, en la que la tenue luz de las velas ilumina las calles en la oscuridad de la noche, evocando el camino que recorrió la Virgen hasta dar sepultura al cuerpo inerte de su Hijo. Es la jornada en la que se cumplen en la Madre Dolorosa las palabras proféticas del anciano Simeón en el templo de Jerusalén, el día de la presentación del Niño y la purificación de la Virgen: «Y a ti misma una espada te traspasará el alma» (Lc 2, 35).

Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.
Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.

1.- Orígenes de la devoción a la Virgen de los Dolores

Una vez más, un hecho histórico se encuentra en el origen de la devoción a la Virgen de los Dolores en Noalejo: la vinculación eclesiástica de la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora a la Abadía de Alcalá la Real.

El 13 de abril de 1552 se emitió la bula por la que se otorgaba la jurisdicción eclesiástica ordinaria de la parroquia —fundada por Mencía de Salcedo— al abad de Alcalá la Real, mientras se resolvía el litigio existente entre el arzobispado de Granada y el obispado de Jaén. Esta disposición se hizo efectiva en 1568, siendo abad D. Diego de Ávila y Zúñiga, y se mantuvo vigente hasta 1851, año en que la abadía fue suprimida tras el Concordato de ese mismo año (Amezcua, 1992; Martínez Rojas, 1999; Garrido, 1996). Durante esos años la influencia de la abadía se va a hacer patente no solo en los aspectos administrativos y jurisdiccionales eclesiásticos, sino también lo artístico y devocional, como es el caso que nos ocupa.

Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.
Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.

En la magistral obra de Diego Garrido Espinosa de los Monteros, Historia de la Abadía de Alcalá la Real, en la que se recoge una semblanza de los distintos abades alcalaínos y de los principales hitos de sus pontificados—en una magnífica edición debida a Francisco Toro Ceballos y Domingo Murcia Rosales (Garrido, 1996)—, se ofrece una información fundamental en relación a los orígenes de la devoción a la Virgen de los Dolores en Noalejo.

Al presentar la figura del abad don Esteban Lorenzo de Mendoza y Gatica, natural de Jerez de la Frontera y rector de la abadía entre 1778 y 1790, el autor señala, entre los hechos más destacados de su pontificado, lo siguiente:

«En el año 1780 se solicitó de la Ciudad permiso para el establecimiento para el establecimiento y fundación de la cofradía de la Esclavitud de los Dolores de Nuestra Señora en el convento de Consolación, a solicitud del padre lector de moral, la que se dio. Y habiendo acudido al Consejo por decreto de él se aprobó y dio la licencia. Y en el año 1781 quedó establecida dicha Esclavitud. Se estableció el septenario con sermones que se hace a referida sagrada imagen, los siete días anteriores al Viernes de Dolores, con mucha iluminación de cera, música y gran concurso de fieles. Y todos los viernes del año en la tarde, hay ejercicios. Referido padre estableció esta devoción en la Villa de Noalejo y la de la Cortijada de Frailes de este término. Todo esto consta de los papeles de esta cofradía que se hayan en el convento» (Garrido, pp. 236)

Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.
Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.

Por tanto, fue un fraile de la Orden Tercera Franciscana, perteneciente al convento de Consolación de Alcalá la Real —concretamente el padre lector de moral— quien impulsó la devoción a la Virgen de los Dolores. Este religioso fundó en su convento en 1781 la Esclavitud de los Dolores de Nuestra Señora, promoviendo ejercicios piadosos en torno a esta advocación y extendiendo dicha devoción a otros lugares del territorio de la abadía, entre ellos la villa de Noalejo.

Así, el culto a la Virgen de los Dolores en Noalejo se remonta a finales del siglo XVIII y, según los datos aportados por Garrido Espinosa de los Monteros en su obra, puede situarse entre los años 1781 y 1787.

Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.
Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.

Cabe preguntarse, sin embargo, quién fue aquel fraile lector que introdujo en Noalejo la devoción a la Virgen de los Dolores. El propio autor nos proporciona su nombre: fray Juan Moreno, natural de Lucena, y aporta además algunos datos de interés sobre su figura y las circunstancias que rodearon la difusión de esta devoción.

«Y estando referido padre solicitando estas licencias y dando tan buenos pasos, cayó malo de tabardillo, y el que le asistía, habiendo salido fuera de la celda a diligencia, con la fuerza del delirio, se arrojó una madrugada por la ventana de la celda del último claustro alto, en camisa y con su gruesidad y peso del cuerpo, y alto de más de seis varas, cayó al tejado de la cocina del convento, quebró todas las tejas que pilló el cuerpo y después cayó desde allí a la huerta, que hay más de ocho varas. Y habiéndolo sentido creyeron los padres ser ladrones, los que salieron alborotados, tirándole piedras, que la fortuna fue no acertarle, y habiendo otros acudido a las armas de fuego, por haberse refugiado en un rincón de la huerta, a cuyo tiempo el que le asitía, habiendo vuelto, echándoles de menos, dió voces diciendo lo ocurrido y habiéndole conducido a su celda y cama, sin embargo, de ser en el mes de febrero, tiempo tan frio, desde luego se conoció la mejoría y no se le encontró lesión la más leve en el cuerpo. Y le he oído decir siempre que el enemigo le arrojó por allí. Y vive hoy, 27 de junio de 1787, premiando Dios su celo y devoción que tenía y tiene a su Madre Santísima, pues su devoción es sin igual. Y quiso el enemigo quitarle la vida porque no se estableciese esta devoción, sin embargo de otras contradicciones que tuvo de sus propios religiosos y de otras personas. Se llama fray Juan Moreno, natural de Lucena (f. 327)» (Garrido pp. 236)

Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.
Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.

Gracias a la labor apostólica de aquel fraile del convento de Consolación de Alcalá la Real, fray Juan Moreno, natural de Lucena, Noalejo ha rendido culto a los Dolores de la Virgen durante más de dos siglos, desde finales del siglo XVIII hasta nuestros días.

3.- Una imagen devocional que invita a la contemplación

Algunos restauradores y expertos en Historia del Arte, al contemplar la imagen de la Virgen de los Dolores de Noalejo, han señalado que, por sus rasgos estilísticos, podría atribuirse a la escuela granadina.

Cabe suponer, asimismo, que el establecimiento de esta devoción llevara consigo la realización de una imagen para su culto. La cercanía a Granada hace plausible que el encargo se realizara en dicha ciudad, donde trabajaban y estaban asentados destacados escultores de imaginería religiosa, en torno a los cuales surgieron importantes círculos artísticos de cuyas manos salieron auténticas joyas escultóricas y devocionales. De ser así, nos encontraríamos ante una talla que se puede datar a finales del siglo XVIII. Quizás en algún momento los archivos podrían verificar esta hipótesis.

Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.
Virgen de los Dolores de Noalejo. Anónimo, siglo XVIII. Atribuida a la escuela granadina.

En efecto, al contemplar la imagen se percibe con claridad esa influencia granadina, apreciable en su expresividad, donde el dolor se entrelaza con la serenidad y la dulzura, alejándose de todo dramatismo extremo. La imagen inspira un profundo sentimiento religioso, capaz de suscitar emoción y, al mismo tiempo, transmitir una intensa experiencia de paz y ternura.

La imagen sufrió graves desperfectos en el año 1936, perdiéndose el candelero y las manos. Afortunadamente, se conservó la cabeza, lo que permitió su posterior reconstrucción. Esta fue llevada a cabo por el escultor José Navas Parejo en la década de los años 40 del siglo pasado, quien le otorgó la apariencia que hoy conocemos.

Nos encontramos ante una imagen de profunda carga devocional para el pueblo, que invita a la contemplación silenciosa. Con este vídeo queremos compartir, en la medida de lo posible, esa experiencia; aunque, ciertamente, nunca lograremos transmitir plenamente la emoción que nace al situarse ante ella y detenerse en su rostro materno que, en medio del dolor, conmueve por su serenidad, dulzura y paz.

José Manuel Martos Ortega

Bibliografía

Amézcua, M. (1992), El Mayorazgo de Noalejo. Historia y etnografía de la comunidad rural. Granada: Ayuntamiento de Noalejo.

Garrido, D. (1996), Historia de la Abadía de Alcalá la Real. Jaén: Diputación de Jaén (Edición preparada por Francisco Toro Ceballos y Domingo Murcia Rosales.

Gila, L. (1991), Arte y artistas del Renacimiento en torno a la Real Abadía de Alcalá la Real. Granada: Universidad de Granada y Ayuntamiento de Alcalá la Real.

Martínez Rojas, F.J. (1999), Aproximación a la Historia de la Iglesia de Jaén. Jaén: Obispado de Jaén.

La fuente y la noguera de los Villarejos: un lugar de la memoria

Las fuentes constituyen lugares de la memoria colectiva dentro de un territorio. Más allá de su valor esencial como recurso físico para el abastecimiento y la agricultura, poseen una profunda dimensión simbólica, social, cultural y etnográfica. En efecto, se configuran como ámbitos de encuentro, donde las personas pueden hacer una pausa en el camino para saciar la sed y disfrutar de un momento de descanso antes de reemprender la marcha hacia sus destinos. En contextos rurales, estos lugares privilegiados favorecen la socialización y la comunicación, propiciando el intercambio de experiencias y la construcción de los lazos comunitarios que dan forma al territorio.

En el término municipal de Noalejo existe una fuente que se puede considerar como uno de sus manantiales de referencia: la fuente de los Villarejos.

Noguera de la fuente de los Villarejos

1.- El paraje

A los pies del Cerro de Santa Merced y de la Sierra de la Granadina, que se alzan como colosos junto al camino que conduce de Noalejo hacia Navalcán, la Hoya del Salobral y la Sierra del Trigo, desciende una escalinata que, bajo la sombra de una noguera, nos lleva a una fuente de agua cristalina y fresca, que ha sido y sigue siendo la delicia de quienes en ella sacian su sed.

Fuente de los Villarejos (Noalejo)

La fuente se ubica en un valle fértil, rodeado de montañas, que constituye una de las mejores tierras de regadío para el cultivo de hortalizas, árboles frutales y olivos. Villarejos, Villarejos de Cofrida, son los primitivos nombre que se le da a este paraje y a los cortijos que en ellos se ubican, tal y como recoge Manuel Amezcua, cronista oficial de la villa de Noalejo, en su obra El Mayorazgo de Noalejo (1992). Tierras que fueron protagonistas de las disputas entre Mencía de Salcedo y el Concejo de Granada (Amezcua, 1992) reclamando su propiedad, por la importancia que tenía para el cultivo en una zona en la que priman las tierras sin roturar.

Árboles frutales en el paraje de los Villarejos

2.- Una fuente bajo una noguera

En el corazón de este valle fértil y fecundo existe un epicentro o punto de encuentro que ha tenido una importancia particular generación tras generación: una sencilla fuente bajo una frondosa noguera.

Fuente y noguera de los Villarejos

En el sentir colectivo de los vecinos y vecinas de Noalejo hablar de los Villarejos evoca dos elementos, principalmente: la fuente y la noguera. Y en torno a ellas emergen espontáneamente un sinfín de experiencias que nos retrotraen a diversos momentos de la vida.

La fuente es sencilla, rustica y sobria, construida con piedra, revestida de cemento, con su característica forma cuadrada y los dos caños redondos de metal de los que brotan un agua fresca. El caudal de la fuente varia a lo largo de las distintas épocas del año, llegando a secarse uno de ellos en las épocas de sequía y en el periodo estival.

Fuente de los Villarejos

La fuente de los Villarejos actúa como un auténtico termómetro de la situación hidrológica del entorno. Cuando llegan las ansiadas y necesarias lluvias, como las caídas en los últimos meses, es habitual escuchar en el pueblo, con regocijo, la expresión: «han vuelto a echar los dos caños de la fuente de los Villarejos», augurio de un buen año para los campos. Por el contrario, cuando uno de ellos deja de brotar y el otro pierde caudal, se oye con desazón y preocupación: «¡qué falta hace que llueva!».

3.- La memoria del agua

Esta fuente ha sido testigo, a lo largo de los años, de la vida, los quehaceres y desvelos de quienes se han acercado a ella; del trabajo silencioso, de las esperanzas, los sufrimientos y los anhelos de tantas personas que han encontrado en su agua un alivio y un descanso. Si nos sentamos a su lado y, en silencio, escuchamos el sonido vivo, alegre y vivaz del agua, la fuente parece hablarnos: su canto se convierte en un relato de la memoria de estas tierras. Es una experiencia maravillosa, dejando de lado el ruido y las prisas de nuestra vida, detenernos, sentarnos un rato a la sombra de la noguera, guardar silencio, escuchar el sonido del agua y atender a las historias que esta fuente nos susurra.

La fuente añora la alegría y el regocijo de aquellos grupos de mujeres trabajadoras que, cada día, caminaban desde Noalejo hasta el río de los Villarejos, llevando sobre sus hombros el «lío» que contenía la ropa para lavar en las aguas cristalinas y frescas que descendían del manantial de Navalcán. Era un lugar de parada obligatoria, y en torno a ella nacieron muchas historias de amor que acabarían en matrimonio: muchachas y muchachos se buscaban sin pretexto alguno, intercambiaban miradas, breves palabras, y no faltaba quien se ofreciera a cargar el lío en las mulas para compartir el camino de regreso al pueblo entre conversaciones animadas.

El discurrir del agua evoca también el ir y venir de hombres y mujeres, jóvenes y niños, desde los cortijos de Navalcán, Navalcancillo, la Navalta, la Cruz, Rosales o el Encalvo, entre otros, hacia el pueblo para visitar a las familias, realizar pequeñas compras o participar en las fiestas principales de la villa de Noalejo

Ruinas del Cortijo de Navalcancillo
Ruinas del Cortijo de Navalcancillo

Fue, sin duda, un lugar de paso para las piaras de ganado que llegaban desde Valdepeñas de Jaén, atravesando el Puerto de los Alamillos y Navalcán, camino de la célebre feria real de ganado de Noalejo, celebrada los días 9, 10 y 11 de septiembre. En la fuente se detenían a abrevar, mientras los niños, inquietos, preguntaban a sus padres si ese año volverían las barcazas a los portalones de la iglesia o si habría casetillas de turrón en la calle Real donde gastar las perras gordas que les habían dado sus abuelas.

La fuente guarda también el eco de los juegos de los niños y niñas de los cortijos de los Villarejos: María, Ana, Soledad, Paquita y Blas, que bajaban en los días calurosos del verano a llenar porrones y botijos de agua fresca. Allí comentaban que pronto llegarían los Hermanos de la Virgen del Rosario, con su estandarte blanco, para recolectar la ofrenda que sostenía la hermandad, bajo la petición de «Salve» u «oración». Era un día de fiesta, en el que Anica alfombraba el camino hacia el cortijo de los Villarejos con albahaca recién cortada y prendía ramos verdes en el estandarte como ofrenda a la Virgen.

Ruinas del Cortijo de los Villarejos
Ruinas del Cortijo de los Villarejos

Pero hay un momento en que el agua, al brotar de sus caños, parece quebrarse y temblar al recordar aquel 19 de abril de 1956, a las 18:38, cuando la tierra se estremeció por el terremoto con epicentro entre Albolote y Atarfe. Los tajos del cerro de Santa Merced se resquebrajaron y los crestones calizos rodaron ladera abajo, acercándose peligrosamente a la fuente. Afortunadamente, no alcanzaron el río, junto al molino de los Villarejos, donde las mujeres lavaban y tendían la ropa. Los labradores y vecinos de los cortijos corrieron, atemorizados, a socorrer a quienes se encontraban cerca del torrente.

Sin embargo, el agua recupera pronto su canto alegre cuando evoca el bullicio de los niños y niñas de la escuela o de la catequesis que, camino de Navalcán, hacían un alto para saciar la sed durante las excursiones organizadas por el colegio y la parroquia. Iban guiados por maestros y maestras a quienes el pueblo tanto debe, junto a las queridas Misioneras de Acción Parroquial, cuya labor dejó una huella profunda en Noalejo.

Con la llegada de mayo, la fuente se dispone a recibir, casi con emoción, el paso de la carroza de San Isidro, patrón de los labradores, camino de la romería de Navalcán. Allí, en ese paraje emblemático —un valle fértil regado por aguas generosas—, se congrega el pueblo en un día de fiesta. No es un lugar cualquiera: en él se encuentran los primeros vestigios de civilización del término municipal, desde pinturas neolíticas hasta restos de asentamientos romanos y árabes, testigos de su antigua relevancia.

Carroza de San Isidro para la Romería de Navalcán
Carroza de San Isidro para la Romería de Navalcán

Y la fuente de los Villarejos siempre está ahí, nos espera cada día a quienes transitamos estos caminos. Forma parte también de nuestra historia personal. El sonido sereno y alegre de sus aguas nos ha acompañado en momentos de soledad y de encuentro con nosotros mismos. Sentados en los últimos peldaños de la escalinata, a la sombra de la noguera, hemos pensado, soñado, añorado, reído y llorado; en definitiva, hemos conectado con nuestros anhelos, miedos, inseguridades, fortalezas e ilusiones.

Fuente de los Villarejos
Fuente de los Villarejos

La fuente de los Villarejos no es solo un lugar de la memoria colectiva de Noalejo, sino también un espacio íntimo donde se construye nuestra propia identidad. En ella se entrelazan lo individual y lo compartido, lo pasado y lo presente. En definitiva, es un lugar que aún tiene mucho que enseñarnos para comprender quiénes somos, cual es nuestra historia y recrearnos en esos relatos del agua que la fuente susurra a nuestros oídos.

José Manuel Martos Ortega

Quiero agradecer a las personas de Noalejo que generosamente están colaborando con mi investigación sobre la escuela de Noalejo y la enseñanza en los cortijos. Generosamente están compartiendo sus recuerdos. relatos e historias de vida para construir este proyecto coral para recuperar la memoria educativa y etnográfica de nuestro querido Noalejo.

Noguera de los Villarejos
Noguera de los Villarejos

Bibliografía

Amézcua, M. (1992), El Mayorazgo de Noalejo. Historia y etnografía de la comunidad rural. Granada: Ayuntamiento de Noalejo.

El mes de marzo y la Fiesta de los Quintos

El mes de marzo estaba unido a la fiesta de los Quintos. Una tradición popular vinculada a uno de los domingos de este mes en el que los mozos, a las doce de la mañana se dirigían al Ayuntamiento para ser medidos, de cara al reemplazo de su futuro servicio militar. Un momento de tránsito de los jóvenes de la juventud a la edad adulta.

Era un día de fiesta, de celebración familiar en las casas de los mozos, a las que acudían los familiares, amigos y vecinos para festejar este momento tan importante en el ciclo vital de un hombre.

Quintos en el Puerto Carretero (Finales de la Década de los 50 del siglo XX). Foto cedida por María Troya Algar
Quintos en el Puerto Carretero (Finales de la Década de los 50 del siglo XX). Foto cedida por María Troya Algar

Ocultos en los álbumes familiares existen preciosas fotografías que plasman este momento. Como esta en la que aparecen dos jóvenes en el Puerto Carretero, junto a la fábrica de harinas, e inmortaliza un día de la fiesta de los Quintos de finales de la década de los 50. En ella aparece el monolito, recordado por muchos vecinos y vecinas del pueblo, que señalaba la cima del Puerto Carretero y la señal del desvío hacia Noalejo desde la carretera nacional que unía Jaén con Granada.

José Manuel Martos Ortega

Feliz Año Nuevo 2026

A las puertas de despedir el año 2025 y de adentrarnos con alegría e ilusión en el 2026, mis mejores deseos para esta nueva etapa de nuestra vida. Que el año que iniciamos sea un momento de crecimiento en el que trabajemos por hacer realidad nuestros sueños, proyectos e ilusiones.

Vista de Noalejo desde la  "Granaina!
Vista de Noalejo desde la «Granaina!

Este año que termina me ha permitido seguir avanzando en el estudio de la historia, la educación y las costumbres de nuestro querido pueblo, Noalejo. Pero también me ha permitido, calzando mis botas, cargando sobre mis espaldas con la mochila y llevando en mis manos el bastón que hace más llevadero el camino, recorrer, una vez más, los caminos que surcan el bello termino municipal de Noalejo.

Vista de Noalejo desde el Cerro de Santa Merced
Vista de Noalejo desde el Cerro de Santa Merced

MI felicitación la acompaño con algunas fotos tomadas durante este año desde distintos puntos de nuestras sierras o miradores que nos permiten contemplar la belleza de nuestro pueblo y su término municipal, con el deseo de que en él construyamos entre nosotros unas relaciones humanas impregnadas de empatía, solidaridad, escucha, acogida, alegría y respeto. Que valoremos nuestra historia, la educación y formación, nuestras tradiciones y costumbres como un patrimonio inmaterial del que hemos de estar orgullosos y hemos de conservar.

Vista de Noalejo desde la  Cruz de la Montillana
Vista de Noalejo desde la Cruz de la Montillana

Hace unos días subí con unos amigos a la cumbre de la «Granaina» para brindar por el nuevo año. Con este brindis quiero haceros llegar mis mejores deseos para este año. ¡Feliz y próspero 2026!

Jose Manuel Martos Ortega