Recorrer el territorio de Noalejo al atardecer es adentrarse en un abrazo de luz y memoria: no es solo caminar sobre un mapa, sino dejar que el paisaje nos interpele y nos hable. La zona de los Villarejos, al caer la tarde, se revela como un escenario donde la luz juega sobre los relieves del Cerro de Santa Merced, la Sierra de laGranadida y los campos que se visten de color en la incipiente primavera.
El viento susurra entre los almendros en flor, el río murmura su caudal tras un invierno generoso en lluvias, y el canto lejano de los pájaros parece despedir al sol que se oculta, dejando sobre la tierra un último beso cálido de luz. Cada sonido, cada aroma, cada sombra conforma una geografía íntima que solo quien camina puede sentir.
Este vídeo quiere captar ese momento: un instante de calma, cargado de vida. Es una invitación a recorrer los caminos de Noalejo, donde la luz y las historias de quienes caminaron antes de nosotros se entrelazan con las nuestras, recordándonos que un territorio no es solo un espacio físico, sino un lugar donde se siente, se escucha y se recuerda.
Las fuentes constituyen lugares de la memoria colectiva dentro de un territorio. Más allá de su valor esencial como recurso físico para el abastecimiento y la agricultura, poseen una profunda dimensión simbólica, social, cultural y etnográfica. En efecto, se configuran como ámbitos de encuentro, donde las personas pueden hacer una pausa en el camino para saciar la sed y disfrutar de un momento de descanso antes de reemprender la marcha hacia sus destinos. En contextos rurales, estos lugares privilegiados favorecen la socialización y la comunicación, propiciando el intercambio de experiencias y la construcción de los lazos comunitarios que dan forma al territorio.
En el término municipal de Noalejo existe una fuente que se puede considerar como uno de sus manantiales de referencia: la fuente de los Villarejos.
Noguera de la fuente de los Villarejos
1.- El paraje
A los pies del Cerro de Santa Mercedy de la Sierra de la Granadina, que se alzan como colosos junto al camino que conduce de Noalejo hacia Navalcán, la Hoya del Salobral y la Sierra del Trigo, desciende una escalinata que, bajo la sombra de una noguera, nos lleva a una fuente de agua cristalina y fresca, que ha sido y sigue siendo la delicia de quienes en ella sacian su sed.
Fuente de los Villarejos (Noalejo)
La fuente se ubica en un valle fértil, rodeado de montañas, que constituye una de las mejores tierras de regadío para el cultivo de hortalizas, árboles frutales y olivos. Villarejos, Villarejos de Cofrida, son los primitivos nombre que se le da a este paraje y a los cortijos que en ellos se ubican, tal y como recoge Manuel Amezcua, cronista oficial de la villa de Noalejo, en su obra El Mayorazgo de Noalejo (1992). Tierras que fueron protagonistas de las disputas entre Mencía de Salcedo y el Concejo de Granada (Amezcua, 1992) reclamando su propiedad, por la importancia que tenía para el cultivo en una zona en la que priman las tierras sin roturar.
Árboles frutales en el paraje de los Villarejos
2.- Una fuente bajo una noguera
En el corazón de este valle fértil y fecundo existe un epicentro o punto de encuentro que ha tenido una importancia particular generación tras generación: una sencilla fuente bajo una frondosa noguera.
Fuente y noguera de los Villarejos
En el sentir colectivo de los vecinos y vecinas de Noalejo hablar de los Villarejos evoca dos elementos, principalmente: la fuente y la noguera. Y en torno a ellas emergen espontáneamente un sinfín de experiencias que nos retrotraen a diversos momentos de la vida.
La fuente es sencilla, rustica y sobria, construida con piedra, revestida de cemento, con su característica forma cuadrada y los dos caños redondos de metal de los que brotan un agua fresca. El caudal de la fuente varia a lo largo de las distintas épocas del año, llegando a secarse uno de ellos en las épocas de sequía y en el periodo estival.
Fuente de los Villarejos
La fuente de los Villarejos actúa como un auténtico termómetro de la situación hidrológica del entorno. Cuando llegan las ansiadas y necesarias lluvias, como las caídas en los últimos meses, es habitual escuchar en el pueblo, con regocijo, la expresión: «han vuelto a echar los dos caños de la fuente de los Villarejos», augurio de un buen año para los campos. Por el contrario, cuando uno de ellos deja de brotar y el otro pierde caudal, se oye con desazón y preocupación: «¡qué falta hace que llueva!».
3.- La memoria del agua
Esta fuente ha sido testigo, a lo largo de los años, de la vida, los quehaceres y desvelos de quienes se han acercado a ella; del trabajo silencioso, de las esperanzas, los sufrimientos y los anhelos de tantas personas que han encontrado en su agua un alivio y un descanso. Si nos sentamos a su lado y, en silencio, escuchamos el sonido vivo, alegre y vivaz del agua, la fuente parece hablarnos: su canto se convierte en un relato de la memoria de estas tierras. Es una experiencia maravillosa, dejando de lado el ruido y las prisas de nuestra vida, detenernos, sentarnos un rato a la sombra de la noguera, guardar silencio, escuchar el sonido del agua y atender a las historias que esta fuente nos susurra.
La fuente añora la alegría y el regocijo de aquellos grupos de mujeres trabajadoras que, cada día, caminaban desde Noalejo hasta el río de los Villarejos, llevando sobre sus hombros el «lío» que contenía la ropa para lavar en las aguas cristalinas y frescas que descendían del manantial de Navalcán. Era un lugar de parada obligatoria, y en torno a ella nacieron muchas historias de amor que acabarían en matrimonio: muchachas y muchachos se buscaban sin pretexto alguno, intercambiaban miradas, breves palabras, y no faltaba quien se ofreciera a cargar el lío en las mulas para compartir el camino de regreso al pueblo entre conversaciones animadas.
El discurrir del agua evoca también el ir y venir de hombres y mujeres, jóvenes y niños, desde los cortijos de Navalcán, Navalcancillo, la Navalta, la Cruz, Rosales o el Encalvo, entre otros, hacia el pueblo para visitar a las familias, realizar pequeñas compras o participar en las fiestas principales de la villa de Noalejo
Ruinas del Cortijo de Navalcancillo
Fue, sin duda, un lugar de paso para las piaras de ganado que llegaban desde Valdepeñas de Jaén, atravesando el Puerto de los Alamillos y Navalcán, camino de la célebre feria real de ganado de Noalejo, celebrada los días 9, 10 y 11 de septiembre. En la fuente se detenían a abrevar, mientras los niños, inquietos, preguntaban a sus padres si ese año volverían las barcazas a los portalones de la iglesia o si habría casetillas de turrón en la calle Real donde gastar las perras gordas que les habían dado sus abuelas.
La fuente guarda también el eco de los juegos de los niños y niñas de los cortijos de los Villarejos: María, Ana, Soledad, Paquita y Blas, que bajaban en los días calurosos del verano a llenar porrones y botijos de agua fresca. Allí comentaban que pronto llegarían los Hermanos de la Virgen del Rosario, con su estandarte blanco, para recolectar la ofrenda que sostenía la hermandad, bajo la petición de «Salve» u «oración». Era un día de fiesta, en el que Anica alfombraba el camino hacia el cortijo de los Villarejos con albahaca recién cortada y prendía ramos verdes en el estandarte como ofrenda a la Virgen.
Ruinas del Cortijo de los Villarejos
Pero hay un momento en que el agua, al brotar de sus caños, parece quebrarse y temblar al recordar aquel 19 de abril de 1956, a las 18:38, cuando la tierra se estremeció por el terremoto con epicentro entre Albolote y Atarfe. Los tajos del cerro de Santa Merced se resquebrajaron y los crestones calizos rodaron ladera abajo, acercándose peligrosamente a la fuente. Afortunadamente, no alcanzaron el río, junto al molino de los Villarejos, donde las mujeres lavaban y tendían la ropa. Los labradores y vecinos de los cortijos corrieron, atemorizados, a socorrer a quienes se encontraban cerca del torrente.
Sin embargo, el agua recupera pronto su canto alegre cuando evoca el bullicio de los niños y niñas de la escuela o de la catequesis que, camino de Navalcán, hacían un alto para saciar la sed durante las excursiones organizadas por el colegio y la parroquia. Iban guiados por maestros y maestras a quienes el pueblo tanto debe, junto a las queridas Misioneras de Acción Parroquial, cuya labor dejó una huella profunda en Noalejo.
Con la llegada de mayo, la fuente se dispone a recibir, casi con emoción, el paso de la carroza de San Isidro, patrón de los labradores, camino de la romería de Navalcán. Allí, en ese paraje emblemático —un valle fértil regado por aguas generosas—, se congrega el pueblo en un día de fiesta. No es un lugar cualquiera: en él se encuentran los primeros vestigios de civilización del término municipal, desde pinturas neolíticas hasta restos de asentamientos romanos y árabes, testigos de su antigua relevancia.
Carroza de San Isidro para la Romería de Navalcán
Y la fuente de los Villarejos siempre está ahí, nos espera cada día a quienes transitamos estos caminos. Forma parte también de nuestra historia personal. El sonido sereno y alegre de sus aguas nos ha acompañado en momentos de soledad y de encuentro con nosotros mismos. Sentados en los últimos peldaños de la escalinata, a la sombra de la noguera, hemos pensado, soñado, añorado, reído y llorado; en definitiva, hemos conectado con nuestros anhelos, miedos, inseguridades, fortalezas e ilusiones.
Fuente de los Villarejos
La fuente de los Villarejos no es solo un lugar de la memoria colectiva de Noalejo, sino también un espacio íntimo donde se construye nuestra propia identidad. En ella se entrelazan lo individual y lo compartido, lo pasado y lo presente. En definitiva, es un lugar que aún tiene mucho que enseñarnos para comprender quiénes somos, cual es nuestra historia y recrearnos en esos relatos del agua que la fuente susurra a nuestros oídos.
José Manuel Martos Ortega
Quiero agradecer a las personas de Noalejo que generosamente están colaborando con mi investigación sobre la escuela de Noalejo y la enseñanza en los cortijos. Generosamente están compartiendo sus recuerdos. relatos e historias de vida para construir este proyecto coral para recuperar la memoria educativa y etnográfica de nuestro querido Noalejo.
Noguera de los Villarejos
Bibliografía
Amézcua, M. (1992), El Mayorazgo de Noalejo. Historia y etnografía de la comunidad rural. Granada: Ayuntamiento de Noalejo.
Un pueblo siempre tiene un entorno que lo determina y constituye el paisaje que sus habitantes contemplan a diario. El paisaje está relacionado con la vida de un pueblo, es fuente de inspiración que genera expresiones culturales, transmitidas de forma oral, generación tras generación: romances, leyendas, historias que han surgido en el seno de la comunidad. Por ejemplo, quien no ha escuchado o cantado alguna vez en Noalejo: «En el cerro, Santa Merced, hay una Paloma Blanca, que alumbra toda la sierra….», evocando la vinculación de este cerro con la advocación de las Mercedes, la legendaria aparición de la Virgen en un horno de Montillana (Granada) y su posterior veneración y patronazgo en Alcalá la Real (Jaen),
Y es que una de las imágenes más familiares para los habitantes de Noalejo es la del Cerro de Santa Merced, que se eleva majestuoso en el horizonte del pueblo, fundado en los entredichos de los Reinos de Jaén y de Granada. Es una estampa grabada en las retinas de los habitantes de Noalejo, con esa forma tan particular, contemplada desde el pueblo que nos evoca a un cono, con el vértice superior achatado, recodando, para muchos, un cono volcánico. Pero si buscamos otra perspectiva de él, por ejemplo, desde el camino de los Almiares hacia la Hoya del Salobral o desde la Sierra del Trigo se puede comprobar que es alargado. Cuando subes arriba descubres que su cima lo recorre una «cuerda» o «raspa», salpicada de caprichosos crestones o tajos de pieza caliza, de cunas, tal y como se denominan en Noalejo a las hondonadas que los salpican, y desde las cuales nos permiten tener unas vistas magnificas, por ambas laderas, de Sierra Nevada, Sierra Mágina, los Montes Orientales y la Sierra Sur jiennense y cordobesa.
Vista del Cerro de Santa Merced desde Noalejo (Jaén)
Muchos de los lectores de este blog y paisanos de Noalejo, sabiendo de mi afición por el senderismo y mis frecuentes salidas para recorrer los caminos y veredas del bello término municipal que rodea a nuestro pueblo, para subir a sus cerros y montes de este bello entorno natural, alguna vez me han preguntado: ¿cómo son las vistas que se tienen cuando se sube al Cerro de Santa Merced? ¿arriba del Cerro de Santa Merced que hay? ¿debe ser una maravilla?
Cima del Cerro de Santa Merced con Noalejo y Sierra Mágina de fondo
Pues efectivamente lo son y afortunadamente podemos compartirlas en este blog gracias al bello trabajo que realiza Juan Carlos Granados (@juancoleando), oriundo de la vecina Montillana, que también tiene como horizonte el hermoso Cerro de Santa Merced. Juan Carlos y su dron comienzan a colaborar en este blog para ofrecernos, «a vista de pájaro«, imágenes bellísimas del término municipal de Noalejo y de los términos municipales que lo rodean, entre ellos Montillana. ¡Bienvenido, amigo Juan Carlos a este blog! Y gracias por las experiencias que vamos a poder disfrutar por medio de las imágenes, «a vista de pájaro», que tú y tu dron nos vais a regalar.
Por un momento os invito a ser uno de los halcones o águilas que sobrevuelan majestuosos sobre el Cerro de Santa Merced, para recorrer su cuerda o raspa, por medio de la experiencia que Juan Carlos nos brinda por este video «a vista de pájaro«, partiendo de la vertiente que da a Montillana para recorrerla y terminar con unas vistas hacia Noalejo. Espero que lo disfrutéis.
Una expresión típica de Noalejo en estos meses de enero y febrero es «esta noche ha caído una pava…«, para hacer referencia a las frecuentes heladas y escarchas que revisten los campos, especialmente en las zonas de umbría o en las zonas más altas o frías del término municipal.
Falda del cerro de Santa Meced recubierta de escarcha (Noalejo-Jaén)
La expresión popular «la pava o gallina de san Antón«, en el sentir popular, evoca el blanco intenso e impresionante con el que amanecen los campos recubiertos de escarcha en esta época del año. También es frecuente la expresión «escarchazo«.
Zarza recubierta de escarcha en el paraje de los Villarejos (Noalejo. Jaén)
Esta mañana en unos de mis rutas frecuentes de senderismo por el término municipal de Noalejo, que encierra auténticos tesoros paisajísticos de gran belleza por su diverso patrimonio natural me he encontrado con estas imágenes tan hermosas y al contemplarlas ha surgido de forma espontanea en mi el pensamiento: «vaya pava que ha caído...».
Zarza recubierta de escarcha en el paraje de los Villarejos (Noalejo. Jaén)
Y es que a los pies del Cerro de Santa Merced, en su vertiente Noreste, que transcurre por el término municipal, dibujando el cauce del río que nace en Navalcán a su paso por los Almiares y los Villarejos, una zona de umbría, las «pavas» o «escarchazos» siempre han sido famosas.
Zarza recubierta de escarcha en el paraje de los Villarejos (Noalejo. Jaén)
Esta mañana, al contemplar las zarzas recubiertas de escarcha y al resonar en mi interior la expresión «vaya pava que ha caído esta noche….» he conectado con tantas generaciones de hombres y mujeres de Noalejo que en distintos momentos de la historia ha pronunciado estas palabras en el trasiego que han tenido siempre estos caminos. Caminos recorrido por labradores y pastores que iban a su trabajo diario, al igual que las mujeres que con sus líos venían en épocas menos frías a lavar y solear la ropa a esta zona.
Zarza recubierta de escarcha en el paraje de los Villarejos (Noalejo. Jaén)
Y he querido construir este relato visual y fotográfico para narrar, con unas sencillas imágenes, la belleza que encierra esta expresión tan popular en Noalejo que nos conecta a tantas generaciones que nos han precedido. Unas imágenes que valen más que mil palabras y nos ayudan a recuperar la memoria de una expresión que surge del asombro de contemplar los hermosos parajes de Noalejo recubiertos de escarcha.
Paraje de los Villarejos recubierto de escarcha (Noalejo.Jaén)
Paraje de los Villarejos recubierto de escarcha (Noalejo.Jaén)
Paraje de los Villarejos recubierto de escarcha (Noalejo.Jaén)
Paraje de los Villarejos recubierto de escarcha (Noalejo.Jaén)
Paraje de los Villarejos recubierto de escarcha (Noalejo.Jaén)
Paraje de los Villarejos recubierto de escarcha (Noalejo.Jaén)
Paraje de los Villarejos recubierto de escarcha (Noalejo.Jaén)
La entrevista partió de la descripción geográfica de Noalejo, destacando el enclave privilegiado en el que se encuentra, entre la comarca de Mágina y los Montes Orientales de Granada, que lo adorna con un paisaje natural bellísimo.
Después Amezcua fue desgranando las raíces antiguas de Noalejo, desde sus orígenes en la Prehistoria y la Edad Antigua, destacando la importancia de las pinturas Neolíticas y los restos romanos, ubicados en Navalcán.
En referencia a la Edad Moderna, destacó la figura de la fundadora de Noalejo, Mencía de Salcedo, que impulsó la creación del municipio y su parroquia, convirtiéndola en un eje económico y espiritual para la comunidad.
Y abordó el rico patrimonio material e Inmaterial que alberga Noalejo, destacando la importancia de la Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora de Noalejo, que alberga dos réplicas de la Sábana Santa de Turín y otras joyas artísticas, así como el patrimonio inmaterial vinculado a las tradiciones y festividades locales y su gastronomía.
Nos encontramos ante una entrevista que nos ayudará a conocer el municipio de Noalejo, su historia y su riqueza material e inmaterial. Os invito a escucharla.
Pasear en estos días por el entorno de la fuente de los Villarejos, en el término municipal de Noalejo, ofrece una imagen inusual y atrayente al contemplar los colores tan característicos de esta época del año. Es como si la tierra estallara en una fogarada de luz y calidez.
Si caminas por el entorno de la fuente, te llaman poderosamente la atención el rojizo de unos árboles frutales, entre el verde plateado y sobrio de los olivos, con su fruto casi maduro para la cosecha.
Colores otoñales en el paraje de los Villarejos (Noalejo)
Colores otoñales en el paraje de los Villarejos (Noalejo)
La calidez que revisten las hojas que quedan en los árboles y la alfombra mullida que se va formando a los pies de los mismos invitan a detenerse y casi a acurrucarte a descansar.
Colores otoñales en el paraje de los Villarejos (Noalejo)
Pero si el día de otoño está de nuestra parte, el gran espectáculo es el contraste de colores entre el rojizo de los árboles con el cielo grisáceo de nubes caprichosas que se extiende y juguetean como niños sobre el Cerro de Santa Merced.
Cielos otoñales sobre el Cerro de «Santa Merced» (Noalejo)
Nubes de otoño sobre el Cerro de «Santa Merced» (Noalejo)
Caminar estos días por el entorno de los Villarejos, en definitiva, es como acariciar los cuatro elementos de los que nos hablaban los antiguos filósofos griegos: tierra, agua, fuego y aire. La tierra del Cerro «Santa Merced», el agua de la fuente cristalina de los Villarejos, el fuego de los árboles, que parecen una antorcha que no se consume y el aire limpio, surcado por las nubes que no se detienen. Estos son los placeres de recorrer el territorio de Noalejo.
Paisaje otoñal en el entorno de los Villarejos (Noalejo)
Sólo se trata de calzarse las botas, cargar con la mochila, empuñar el bastón y dejarse sorprender. Así de sencilla puede ser la vida.
El pasado 26 de octubre participé en el Seminario «Territorio, lenguaje y literatura», organizado por ASI (Acciones Sureste Ibérico) proyecto del Ateneo Granada. En él presenté algunos aspectos vinculados a mi investigación que tiene el objetivo de recuperar la memoria educativa de Noalejo.
El objetivo de mi intervención consistió en sensibilizar sobre la importancia de no dejar en el olvido las tradiciones orales que están vinculadas a un territorio, así como recuperar las historias de vida en torno a las escuelas y a otros contextos educativos en el ámbito rural como un ejercicio ético para reconstruir identidades en el momento actual en el que la despoblación se cierne en muchas zonas del sureste de España.
Esta entrada la he ilustrado con una imagen del término municipal de Noalejo, tomada desde la Sierra del Trigo, en la que se contempla el valle que se abre desde los Almiares hacia el Puerto del Caballo, teniendo a un lado la mencionada sierra y al otro el Cerro de Santa Merced. Al fondo se distingue el municipio de Noalejo.