En la década de los años 50 del siglo XX, a las tres de la tarde, el pueblo se detenía para participar en la celebración del Sermón de las Siete Palabras. Esta práctica devocional, actualmente desaparecida, fue introducida por el párroco D. Maximino Ramírez Gómez y caló profundamente en las expresiones de religiosidad popular de Noalejo.
A la hora nona, es decir, a las tres de la tarde —hora en que muere Jesucristo en el Gólgota—, se abrían las puertas de la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Noalejo para dar inicio a la procesión con el Cristo de la Soledad, una escultura anónima de estilo granadino de gran belleza, posiblemente del siglo XVIII.
Vista de la Plaza de Noalejo desde la torre del templo parroquial de Noalejo. (Finales de los año 80)
La imagen recorría la plaza del pueblo y, en un ambiente de gran sobriedad y solemnidad, los habitantes de Noalejo participaban con gran respeto en el sermón que el párroco pronunciaba con su característica y fluida oratoria al paso de la Imagen.
Sermón de las Siete Palabras de Noalejo (4 de abril de 1958. Foto cedida por la Familia Martínez Martínez
La fotografía que acompaña este texto, tomada durante el sermón el 4 de abril de 1958, muestra el ambiente que se vivía en la plaza mientras el cortejo avanzaba frente a la casa parroquial. Es una imagen de gran valor sentimental para mí, ya que mi padre, José Martos Olmo (D.E.P), portaba la imagen del Cristo aquel año (el primero en el travesaño inferior de la cruz, junto a los pies del Señor).
Tras los dos monaguillos que portaban los ciriales —que aún se conservan en la parroquia—, la hermosa imagen era llevada por un grupo de jóvenes que sostenían sobre sus hombros la cruz. La procesión se detenía bajo los balcones a los que subía el párroco, desde donde se meditaba, a través de los siete sermones que integraban el conjunto de la pieza de oratoria sagrada, sobre las siete frases que pronunció Jesús en la Cruz: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen»; «Hoy estarás conmigo en el paraíso»; «Mujer, ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre»; «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»; «Tengo sed»; «Todo está cumplido»; «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu».
Cristo de la Soledad de la Parroquia de Noalejo. (Anónimo, posiblemente del siglo XVIII)
Cargar sobre los hombros al Cristo de la Soledad para el Sermón de las Siete Palabras era expresión de la devoción y recogimiento con que se vivía el Viernes Santo en Noalejo, día de ayuno en el que las campanas del hermoso campanario del templo parroquial guardaban silencio y enmudecían en señal de luto por la muerte de Cristo, mientras la carraca invitaba a los fieles a participar en los actos litúrgicos y las procesiones.
Alguna vez mi padre me contó cómo, desde bien entrada la mañana, se preparaban en los humildes hogares de Noalejo los habitantes del pueblo para participar en este acto devocional. Así, mi abuela, Antonia Olmo Fernández, cada Viernes Santo decía a sus cinco hijos: «Hoy os ponéis el traje y vais a llevar al Señor en el sermón por la plaza». Esta era la invitación que muchas madres y abuelas hacían a sus hijos y nietos jóvenes esa mañana: que se vistieran con el traje reservado para las grandes ocasiones, la camisa blanca, recién planchada, abrochada hasta el cuello en señal de respeto, y que fuesen a llevar al Cristo de la Soledad ese mediodía , clavado en la cruz, muerto y con el costado traspasado por la lanza del centurión, para ser los pies del Señor mientras recorrían la plaza del pueblo rememorando lo ocurrido en el Gólgota.
Por otra parte, la fotografía refleja el profundo ambiente de respeto, recogimiento y devoción con que los habitantes del pueblo vivían este ejercicio piadoso. Llama especialmente la atención en la misma el numeroso grupo de hombres arrodillados ante el paso del Señor que lo contemplan desde el interior de la plaza.
Cristo de la Soledad de la Parroquia de Noalejo. (Anónimo, posiblemente del siglo XVIII)
La celebración del Sermón de las Siete Palabras desapareció en la década de los años 60 del siglo pasado y se sustituyó por el ejercicio del Viacrucis que recorre las calles del pueblo el Viernes Santo desde la ermita de la Virgen de Belén hasta el templo parroquial.
La imagen del Cristo de la Soledad ya no procesiona, pues preside la parte alta del retablo de la capilla mayor y, por problemas logísticos, sería difícil bajarla cada año. Es una imagen hermosísima que despierta un profundo sentimiento y emoción religiosa, como puede apreciarse en las fotografías que acompañan este artículo y será objeto de un estudio más minucioso en este blog en un futuro próximo.
José Manuel Martos Ortega
Agradezco a la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Noalejo y a la familia Martínez Mártinez el haber ofrecido y compartido las fotografías que ilustran esta entrada de blog.
Las fuentes constituyen lugares de la memoria colectiva dentro de un territorio. Más allá de su valor esencial como recurso físico para el abastecimiento y la agricultura, poseen una profunda dimensión simbólica, social, cultural y etnográfica. En efecto, se configuran como ámbitos de encuentro, donde las personas pueden hacer una pausa en el camino para saciar la sed y disfrutar de un momento de descanso antes de reemprender la marcha hacia sus destinos. En contextos rurales, estos lugares privilegiados favorecen la socialización y la comunicación, propiciando el intercambio de experiencias y la construcción de los lazos comunitarios que dan forma al territorio.
En el término municipal de Noalejo existe una fuente que se puede considerar como uno de sus manantiales de referencia: la fuente de los Villarejos.
Noguera de la fuente de los Villarejos
1.- El paraje
A los pies del Cerro de Santa Mercedy de la Sierra de la Granadina, que se alzan como colosos junto al camino que conduce de Noalejo hacia Navalcán, la Hoya del Salobral y la Sierra del Trigo, desciende una escalinata que, bajo la sombra de una noguera, nos lleva a una fuente de agua cristalina y fresca, que ha sido y sigue siendo la delicia de quienes en ella sacian su sed.
Fuente de los Villarejos (Noalejo)
La fuente se ubica en un valle fértil, rodeado de montañas, que constituye una de las mejores tierras de regadío para el cultivo de hortalizas, árboles frutales y olivos. Villarejos, Villarejos de Cofrida, son los primitivos nombre que se le da a este paraje y a los cortijos que en ellos se ubican, tal y como recoge Manuel Amezcua, cronista oficial de la villa de Noalejo, en su obra El Mayorazgo de Noalejo (1992). Tierras que fueron protagonistas de las disputas entre Mencía de Salcedo y el Concejo de Granada (Amezcua, 1992) reclamando su propiedad, por la importancia que tenía para el cultivo en una zona en la que priman las tierras sin roturar.
Árboles frutales en el paraje de los Villarejos
2.- Una fuente bajo una noguera
En el corazón de este valle fértil y fecundo existe un epicentro o punto de encuentro que ha tenido una importancia particular generación tras generación: una sencilla fuente bajo una frondosa noguera.
Fuente y noguera de los Villarejos
En el sentir colectivo de los vecinos y vecinas de Noalejo hablar de los Villarejos evoca dos elementos, principalmente: la fuente y la noguera. Y en torno a ellas emergen espontáneamente un sinfín de experiencias que nos retrotraen a diversos momentos de la vida.
La fuente es sencilla, rustica y sobria, construida con piedra, revestida de cemento, con su característica forma cuadrada y los dos caños redondos de metal de los que brotan un agua fresca. El caudal de la fuente varia a lo largo de las distintas épocas del año, llegando a secarse uno de ellos en las épocas de sequía y en el periodo estival.
Fuente de los Villarejos
La fuente de los Villarejos actúa como un auténtico termómetro de la situación hidrológica del entorno. Cuando llegan las ansiadas y necesarias lluvias, como las caídas en los últimos meses, es habitual escuchar en el pueblo, con regocijo, la expresión: «han vuelto a echar los dos caños de la fuente de los Villarejos», augurio de un buen año para los campos. Por el contrario, cuando uno de ellos deja de brotar y el otro pierde caudal, se oye con desazón y preocupación: «¡qué falta hace que llueva!».
3.- La memoria del agua
Esta fuente ha sido testigo, a lo largo de los años, de la vida, los quehaceres y desvelos de quienes se han acercado a ella; del trabajo silencioso, de las esperanzas, los sufrimientos y los anhelos de tantas personas que han encontrado en su agua un alivio y un descanso. Si nos sentamos a su lado y, en silencio, escuchamos el sonido vivo, alegre y vivaz del agua, la fuente parece hablarnos: su canto se convierte en un relato de la memoria de estas tierras. Es una experiencia maravillosa, dejando de lado el ruido y las prisas de nuestra vida, detenernos, sentarnos un rato a la sombra de la noguera, guardar silencio, escuchar el sonido del agua y atender a las historias que esta fuente nos susurra.
La fuente añora la alegría y el regocijo de aquellos grupos de mujeres trabajadoras que, cada día, caminaban desde Noalejo hasta el río de los Villarejos, llevando sobre sus hombros el «lío» que contenía la ropa para lavar en las aguas cristalinas y frescas que descendían del manantial de Navalcán. Era un lugar de parada obligatoria, y en torno a ella nacieron muchas historias de amor que acabarían en matrimonio: muchachas y muchachos se buscaban sin pretexto alguno, intercambiaban miradas, breves palabras, y no faltaba quien se ofreciera a cargar el lío en las mulas para compartir el camino de regreso al pueblo entre conversaciones animadas.
El discurrir del agua evoca también el ir y venir de hombres y mujeres, jóvenes y niños, desde los cortijos de Navalcán, Navalcancillo, la Navalta, la Cruz, Rosales o el Encalvo, entre otros, hacia el pueblo para visitar a las familias, realizar pequeñas compras o participar en las fiestas principales de la villa de Noalejo
Ruinas del Cortijo de Navalcancillo
Fue, sin duda, un lugar de paso para las piaras de ganado que llegaban desde Valdepeñas de Jaén, atravesando el Puerto de los Alamillos y Navalcán, camino de la célebre feria real de ganado de Noalejo, celebrada los días 9, 10 y 11 de septiembre. En la fuente se detenían a abrevar, mientras los niños, inquietos, preguntaban a sus padres si ese año volverían las barcazas a los portalones de la iglesia o si habría casetillas de turrón en la calle Real donde gastar las perras gordas que les habían dado sus abuelas.
La fuente guarda también el eco de los juegos de los niños y niñas de los cortijos de los Villarejos: María, Ana, Soledad, Paquita y Blas, que bajaban en los días calurosos del verano a llenar porrones y botijos de agua fresca. Allí comentaban que pronto llegarían los Hermanos de la Virgen del Rosario, con su estandarte blanco, para recolectar la ofrenda que sostenía la hermandad, bajo la petición de «Salve» u «oración». Era un día de fiesta, en el que Anica alfombraba el camino hacia el cortijo de los Villarejos con albahaca recién cortada y prendía ramos verdes en el estandarte como ofrenda a la Virgen.
Ruinas del Cortijo de los Villarejos
Pero hay un momento en que el agua, al brotar de sus caños, parece quebrarse y temblar al recordar aquel 19 de abril de 1956, a las 18:38, cuando la tierra se estremeció por el terremoto con epicentro entre Albolote y Atarfe. Los tajos del cerro de Santa Merced se resquebrajaron y los crestones calizos rodaron ladera abajo, acercándose peligrosamente a la fuente. Afortunadamente, no alcanzaron el río, junto al molino de los Villarejos, donde las mujeres lavaban y tendían la ropa. Los labradores y vecinos de los cortijos corrieron, atemorizados, a socorrer a quienes se encontraban cerca del torrente.
Sin embargo, el agua recupera pronto su canto alegre cuando evoca el bullicio de los niños y niñas de la escuela o de la catequesis que, camino de Navalcán, hacían un alto para saciar la sed durante las excursiones organizadas por el colegio y la parroquia. Iban guiados por maestros y maestras a quienes el pueblo tanto debe, junto a las queridas Misioneras de Acción Parroquial, cuya labor dejó una huella profunda en Noalejo.
Con la llegada de mayo, la fuente se dispone a recibir, casi con emoción, el paso de la carroza de San Isidro, patrón de los labradores, camino de la romería de Navalcán. Allí, en ese paraje emblemático —un valle fértil regado por aguas generosas—, se congrega el pueblo en un día de fiesta. No es un lugar cualquiera: en él se encuentran los primeros vestigios de civilización del término municipal, desde pinturas neolíticas hasta restos de asentamientos romanos y árabes, testigos de su antigua relevancia.
Carroza de San Isidro para la Romería de Navalcán
Y la fuente de los Villarejos siempre está ahí, nos espera cada día a quienes transitamos estos caminos. Forma parte también de nuestra historia personal. El sonido sereno y alegre de sus aguas nos ha acompañado en momentos de soledad y de encuentro con nosotros mismos. Sentados en los últimos peldaños de la escalinata, a la sombra de la noguera, hemos pensado, soñado, añorado, reído y llorado; en definitiva, hemos conectado con nuestros anhelos, miedos, inseguridades, fortalezas e ilusiones.
Fuente de los Villarejos
La fuente de los Villarejos no es solo un lugar de la memoria colectiva de Noalejo, sino también un espacio íntimo donde se construye nuestra propia identidad. En ella se entrelazan lo individual y lo compartido, lo pasado y lo presente. En definitiva, es un lugar que aún tiene mucho que enseñarnos para comprender quiénes somos, cual es nuestra historia y recrearnos en esos relatos del agua que la fuente susurra a nuestros oídos.
José Manuel Martos Ortega
Quiero agradecer a las personas de Noalejo que generosamente están colaborando con mi investigación sobre la escuela de Noalejo y la enseñanza en los cortijos. Generosamente están compartiendo sus recuerdos. relatos e historias de vida para construir este proyecto coral para recuperar la memoria educativa y etnográfica de nuestro querido Noalejo.
Noguera de los Villarejos
Bibliografía
Amézcua, M. (1992), El Mayorazgo de Noalejo. Historia y etnografía de la comunidad rural. Granada: Ayuntamiento de Noalejo.
El mes de marzo estaba unido a la fiesta de los Quintos. Una tradición popular vinculada a uno de los domingos de este mes en el que los mozos, a las doce de la mañana se dirigían al Ayuntamiento para ser medidos, de cara al reemplazo de su futuro servicio militar. Un momento de tránsito de los jóvenes de la juventud a la edad adulta.
Era un día de fiesta, de celebración familiar en las casas de los mozos, a las que acudían los familiares, amigos y vecinos para festejar este momento tan importante en el ciclo vital de un hombre.
Quintos en el Puerto Carretero (Finales de la Década de los 50 del siglo XX). Foto cedida por María Troya Algar
Ocultos en los álbumes familiares existen preciosas fotografías que plasman este momento. Como esta en la que aparecen dos jóvenes en el Puerto Carretero, junto a la fábrica de harinas, e inmortaliza un día de la fiesta de los Quintos de finales de la década de los 50. En ella aparece el monolito, recordado por muchos vecinos y vecinas del pueblo, que señalaba la cima del Puerto Carretero y la señal del desvío hacia Noalejo desde la carretera nacional que unía Jaén con Granada.
El día 2 de febrero, a los cuarenta días del Nacimiento del Señor, Noalejo vuelve a vivir una nueva festividad con un marcado carácter popular, la fiesta de la Candelaria, en la que se conmemora la presentación del Niño Jesús en el Templo y la purificación de la Virgen María, según establecía la religión judía.
1.- La procesión de la Virgen del Rosario con el Niño Jesús, vestido de mantillas
Antiguamente la fiesta se celebraba de la siguiente forma:
«Este día existía la costumbre de sacar la Virgen a Misa, que promovía la hermandad del Rosario. La procesión se hacía por la mañana alrededor de la iglesia, en la que sacaban a la Virgen con el Niño vestido de mantillas. Cuando después de la procesión todos entraban en la iglesia, el cura se quedaba fuera con la imagen del Niño, llamaba a la puerta, entraba y colocaba nuevamente la imagen entre los brazos de la Virgen» (Amezcua, 1992, pp. 177)
Imagen de la Virgen del Rosario (José Navas Parejo. Siglo XX) ataviada para la celebración de la Candelaria
Dicha fiesta siempre ha estado vinculada a la Hermandad de la Virgen del Rosario, la más antigua e importante de la población. La procesión de la Virgen con el Niño vestido de mantillas se suprime en la década de los años 60 del siglo XX, al desaparecer la Hermandad. Con la constitución del Grupo Parroquial de la Virgen en la última década del siglo XX se recupera la procesión de la Candelaria.
Procesión de la Candelaria en Noalejo
Actualmente, al atardecer y al inicio de la celebración de la Misa, la Virgen del Rosario, vestida con un terno de sedas, en señal de fiesta, y portando una vela en la mano y llevando en sus brazos al Niño vestido de mantillas, sale a la calle para realizar una breve procesión que integra el lucernario litúrgico propio de este día. Los vecinos y vecinas de Noalejo van detrás de la Virgen del Rosario, portando velas en su manos y entonando cantos a lo largo del recorrido que discurre por la plaza del pueblo. También acompañan los niños que han sido bautizados a lo largo del año anterior, acompañados de sus padres. Un ritual breve y sobrio pero de gran belleza.
Al volver a la Iglesia Parroquial de la Asunción de Nuestra Señora, prosigue la celebración de la Misa y al final de la misma se presentan los niños y niñas bautizados en el último año a la Virgen del Rosario.
2.- La lumbre de la Candelaria
Con la recuperación de la fiesta a finales del siglo XX, se ha incorporado a la misma la quema de una gran lumbre, que prepara el Ayuntamiento de Noalejo, en la puerta de la Iglesia.
Lumbre de la Candelaria de Noalejo
Esta práctica se enmarca en la tradición de quemar lumbres familiares en Noalejo en la víspera de san Antóny en la noche de la Candelaria.
Al finalizar la Misa el párroco bendice el fuego, antes de prender la lumbre hecha con maderas y ramas de olivos.
Los vecinos y vecinas de Noalejo rodean la lumbre, en las noches frías de Noalejo, mientras comparten la barbacoa, que prepara el Ayuntamiento de Noalejo, en la que se degustan chacinas típicas de Noalejo y unas bebidas, manteniendo un animado rato de convivencia vecinal.
Lumbre de la Candelaria de Noalejo
Son tradiciones que se han recuperado y se están enriqueciendo gracias a la colaboración institucional de la Parroquia y el Ayuntamiento de Noalejo.
Lumbre de la Candelaria de Noalejo
Bibliografía
Amézcua, M. (1992), El Mayorazgo de Noalejo. Historia y etnografía de la comunidad rural. Granada: Ayuntamiento de Noalejo.
En el sentir popular de Noalejo hay un refrán que marca el inicio del año en los primeros días del frio y helador enero: ¡hasta san Antón Pascuas son!. Y es que san Antonio Abad, protector de los animales, ha sido festejado en el pueblo desde hace siglos y la expresión más característica de dicha fiesta ha sido las lumbres de san Antón.
1.- El culto a san Antón en Noalejo
En Noalejo el culto a san Antón se remonta a siglos atrás. Un documento del año 1736 nos describe aspectos de la fiesta de este santo eremita en Noalejo, a la que denomina de «inmemorial costumbre». Esta que consistía en una procesión hasta la Cruz de Hierro, cantando las letanías mayores, llevando en andas a San Antonio Abad para volver a la Iglesia y oír la misa cantada en honor del Santo. Con el tiempo se convirtió en una gran romería con bendición general de los animales domésticos (Amezcua, 1992). También tenemos constancia de que en el siglo XIX se continúa celebrando dicha procesión anual (Archivo Historico Provincial) y que ésta se realizó durante la primera mitad del siglo XX, según los testimonios orales de los vecinos y vecinas del pueblo.
San Antón de la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Noalejo (Manuel González Mesa, 1941)
En la iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora se venera una imagen de San Antón o San Antonio Abad. Este santo, patrón y protector de los animales, nació en el año 251 en una población del alto Egipto. A los 20 años repartió sus bienes a los pobres y se retiró al desierto para llevar una vida ascética y de oración. Fundó varios monasterios y predicó activamente defendiendo la fe durante las persecuciones arrianas. Murió el 17 de enero del año 356.
Inscripción de autoría de la imagen de san Antón de Noalejo (Manuel González Muñoz, 1941)
Nuestra imagen de san Antón, tal y como se atestigua en la firma que encontramos en la peana de la misma, es obra del escultor granadino Manuel González Muñoz. Se realizó en 1941 para restaurar el culto al santo en el pueblo, ya que la anterior imagen fue destruida en la contienda del año 1936. Este escultor realizó distintas obras en la década de los 40 del siglo XX para distintas poblaciones de la provincia de Granada y Almería, recogiendo en sus obras las características de la escuela de escultura granadina. Nació el 28 de junio de 1910 en un enclave muy granadino, la cuesta de Gomérez, estudió en la Escuela de Artes y Oficios de Granada, se especializó en escultura religiosa (Sánchez y Martínez, 2024) y situó su taller en el entorno de la iglesia albaicinera de San José de Granada.
San Antón de la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Noalejo (Manuel González Mesa, 1941)
Esta imagen de San Antón presenta las características principales de la iconografía del santo eremita. Se representa como un anciano, vestido con el hábito de la Orden de los Hospitalarios de Constantinopla (Orden de los Caballeros del Hospital de San Antonio), que se pusieron bajo su protección, con una cruz en el pecho, sujetando en una mano un bastón y en la otra un libro, evocando su vida de recogimiento y meditación.
Pero no podemos olvidar el elemento más característicos y popular de la iconografía en torno al santo: un cerdo o un marranillo (tal y como se denomina en Noalejo) a sus pies: el marranillo de San Antón. Evocando la leyenda popular que narra el episodio en el que el Santo se encontró con un cerdo salvaje, acompañado de sus crías enfermas. El santo curó a las mismas y desde ese momento el cerdo o marrano lo acompañó durante toda su vida. De aquí la razón de considerarlo como protector de los animales.
Detalle del marranillo de la imagen de san Antón de la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Noalejo (Manuel González Mesa, 1941)
Este hecho de la vida del Santo va a plasmarse en las tradiciones de Noalejo, al igual que en otros pueblos del entorno, en la costumbre, ya desaparecida, del marranillo de san Antón. Manuel Amezcua, Cronista Oficial de Noalejo, la describe así, en su obra El Mayorazgo de Noalejo: «existía también la costumbre del marranillo de san Antón, que era un lechón que deambulaba por las calles del pueblo buscando su sustento. Cuando se paraba en la puerta de un vecino, éste se obligaba a darle de comer y cuando anochecía le daban cobijo en la casa donde se recostaba. Se le podía distinguir por un lazo rojo que llevaba al cuello con un cascabel y cuando estaba bien cebado, coincidiendo con la fiesta de san Antón, era rifado entre el vecindario y el que le tocaba en suerte lo sacrificaba o lo vendía. Con los fondos recaudados en la rifa se compraba un nuevo lechón que se empezaba a cebar para el año siguiente y el resto del producto se destinaba a obras benéficas de la hermandad» (1992, pp. 176).
La talla de San Antón, de gran belleza, se venera actualmente en la nave central del templo parroquial y ha sido restaurada hace unos años dentro del interesante y cuidado programa de restauración y conservación del patrimonio parroquial que se está llevando a cabo.
2.- La lumbres de san Antón
Junto al culto litúrgico al santo, la tradición más popular estaba vinculada al encendido de lumbres en la noche de la víspera del día de san Antón (17 de enero). Una tradición que, desgraciadamente, se está perdiendo en el pueblo.
La celebración de las lumbres o «sanantones» era una costumbre muy arraigada y de carácter eminentemente familiar, en la que los vecinos se reunían para encender una lumbre,pidiendo la protección y el cuidado del santo sobre los animales de las casas, que eran tan importantes para el sustento de las familias: el mulo o el burro, fundamentales para las faenas agrícolas; las gallinas, conejos, cerdos y la cabra, sobre los que se fundamentaba el sustento de las mismas, junto a los productos del campo.
Lumbre de san Antón de Noalejo
En la víspera de la fiesta era habitual contemplar entrar a Noalejo burros y mulos cargados de haces de abulagas y otros arbustos que se cortaban en las sierras que rodean al pueblo para esa noche encender las luminarias en honor al santo, en las que también se quemaban aparejos y serones viejos que se desechaban como aperos del campo.
Lumbre de san Antón de Noalejo
Esa noche el pueblo se salpicaba de lumbres, rodeadas de vecinos y vecinas, que conversaban animadamente, cantaban y compartían unos tragos de vino de la bota, unas rosetas o «flores», como se denominan en Noalejo, y festejan de forma sencilla y popular.
En las noches de los heladeros eneros (no en vano hay otra expresión popular de Noalejo que alude a las heladas y escarchas que caen en esta época: «ha caído la gallina o pava de san Antón«, evocando el blanco con que amanecen recubiertos los campos), estar en torno a la lumbre era una experiencia muy agradable y festiva para seguir celebrando y festejandodespués de la cercana Navidad, pues, como dice el refrán,¡hasta san Antón Pascuas son!. El atizar la lumbre de san Antón, además de implorar la bendición del santo sobre los animales domésticos, era una experiencia de vecindad, una ocasión para seguir avivando los lazos familiares y de amistad que eran tan importantes en el pueblo, en un momento en que las humildes casas de Noalejo estaban abiertas de unos vecinos para otros, generándose unas relaciones casi familiares, en las que se compartía sin alarde lo poco que se tenía.
Lumbre de san Antón de Noalejo
En torno a la lumbre, los vecinos hacían un corro para rodearla, mientras se cantaba la copla típica de esta noche: «San Antón, san Antón, que me guardes un rincón, en el cielo sí, en el infierno no» y otros cantos populares como «El corro la patata«, «El patio de mi casa«, «A la flor del romero» o «Estaba el señor, don Gato«.
El Coro-Rondalla «Nuestra Señora de Belén» cantando en torno a una lumbre de san Antón de Noalejo (Foto: Diario Jaén. 17 de enero de 2018)
Pero el momento más esperado de la noche, al bajar la intensidad de las llamas y comenzar a haber rescoldo, era cuando los niños y jóvenes comenzaban a saltar la lumbre, entre aplausos y algarabía de los asistentes. Un verdadero espectáculo festivo y muy divertido que muchos vecinos y vecinas recuerdan con añoranza.
Salto de una lumbre de san Antón de Noalejo (Foto: Diario Jaén. (17 de enero de 2018)
Salto de una lumbre de san Antón de Noalejo (Foto: Diario Jaén. 17 de enero de 2018)
Entre risas, cantos y aplausos, sin darse cuenta, llegaba el instante menos deseado por todos: «darle la patá a la lumbre« y terminar así con esta fiesta popular de los vecinos para volver cada uno a su casa, bien entrada la noche, y descansar para proseguir al día siguiente con las faenas cotidianas.
¡Viva san Antón!
José Manuel Martos Ortega
Bibliografía
Amézcua, M. (1992), El Mayorazgo de Noalejo. Historia y etnografía de la comunidad rural. Granada: Ayuntamiento de Noalejo.
Una de las tradiciones más arraigadas en Noalejo en la época de Navidad han sido las representaciones del Nacimiento del Señor. El origen de dicha tradición puede estar vinculada a la presencia de los frailes Mínimos en el convento de Nuestra Señora de la Victoria, fundado por Mencía de Salcedo en 1552-1556 (Amezcua, 1992), presentes en la villa hasta la supresión del mismo en 1712. El fundador de esta orden de frailes mendicantes, San Francisco de Paula, patrón de la villa hasta el siglo XIX, recoge en sus escritos elementos principales de la espiritualidad franciscana, entre ellos, la veneración del Misterio de Belén, tradición que los monjes por él fundados mantienen viva en sus monasterios. No podemos olvidar, en este sentido, la veneración en el entorno de los Mínimos, a la Virgen de Belén, como en los monasterios de Triana, Utrera, Málaga y Noalejo, entre otros. Así, en nuestro pueblo, tendrá tal fuerza esta devoción, que terminará siendo patrona hacia mediados del siglo XIX, cuando los frailes habían abandonado ya el pueblo.
Litografía Virgen de Belén, Patrona de Noalejo (1879)
En este sentido no es arbitrario señalar que las representaciones del Nacimiento del Señor en Noalejo, pueden constituir una expresión religiosa, cultural y folclórica, que se ha mantenido a lo largo de los años de esta herencia mínima y su predilección por el Misterio de Belén, como expresión de la máxima humildad.
1.- La tradición de las «Pastorellas» en la primera mitad del siglo XX
Según distintos testimonios recogidos por medio de la tradición oral en torno a la Navidad se realizaban representaciones del Nacimiento en la escuela y en la parroquia en la primera mitad del siglo XX. En ellas participaban vecinos del pueblo de de distintas edades. Cabe destacar la presencia de una maestra, Doña Lola, cariñosamente llamada en el pueblo, «la maestra de los teatros«, por su labor preparando representaciones teatrales en el ámbito de la escuela, entre ellas las del Nacimiento en la época de Navidad. Dichas representaciones se realizaban en distintos espacios como era la parroquia o en el gran patio de la casa de «los del Cortijo el Rey» en la calle Real.
Normalmente se utilizaba como base para dichas representaciones, con adaptaciones, una de las obras más populares del género de las «pastorellas» (representaciones vivientes y dialogadas en torno al nacimiento de Jesús), La Infancia de Jesu-Christo, compuesta por Gaspar Fernández de Ávila, conocido popularmente como el cura de Colmenar.
Portada del libro «La Infancia de Jesu-Christo. Edición de 1987
Esta obra está compuesta por doce coloquios en verso en que distintos personajes: La Virgen María, San José, los ángeles, pastores, Reyes Magos, etc, dialogan en torno al nacimiento del Señor.
En Noalejo se utilizaba una edición de 1846. Estas representaciones tenían un carácter muy popular. En este sentido, Manuel Amézcua, en su obra El Mayorazgo de Noalejo, recoge algunas estrofas burlescas que se cantaban a los actores durante las representaciones: «San José bendito/pa que te casastes/con la Isabelana/que huele a tomates/que huele a tomates/que huele a pescao/San José bendito/pa qué te has casao» (Amézcua, 1992, pp. 193).
Las «Pastorellas», llegaron a tener un gran arraigo popular hasta el punto que muchos vecinos recitaban en las noches frías de invierno, sentados en el rincón, como solemos llamar en Noalejo a la chimenea que alberga la lumbre, versos de la obra del Cura de Colmenar, dando vida a las palabras de los pastores Rebeca, Josef o Jacob en estos coloquios camino del portal de Belén.
2.- Las representaciones del Nacimiento en la segunda mitad del siglo XX
La escuela de Noalejo, gracias a la labor de los buenos maestros y maestras que han pasado por ella, va a ser un ámbito en el que se cultiva las representaciones del Nacimiento, siguiendo con esta tradición. Hemos podido recuperar algunas fotos de estas representaciones en la segunda mitad del siglo XX.
La primera de ellas, de la primera mitad de la década de los 50, que puede constituir una imagen típica de las representaciones del Nacimiento en Noalejo: La Virgen, San José, el Niño, un ángel y pastores y pastoras, ofreciendo sus presentes al recién nacido en señal de adoración.
Representación del Nacimiento en las escuelas, a principios de los años 50 del siglo XX
La segunda de ellas, de finales de los 70 o comienzos de los 80, que representa a la Virgen, San José y el Niño Jesús, rodeado de un coro de ángeles. Una foto especialmente entrañable, ya que el alumnado participante era de parvulitos, de sus inicios de la etapa escolar.
Representación del Nacimiento en la escuela (Finales de los 70-comienzos de los 80 del siglo XX)
Los cursos de parvulitos o los primeros años de la EGB, siempre nos regalaban imágenes de gran ternura en la representación de los Nacimientos.
Escenas del Nacimiento en la plaza, después de la representación en las escuelas ((Finales de los 70-comienzos de los 80 del siglo XX)
Escenas del Nacimiento en la calle, después de la representación en las escuelas ((Finales de los 70-comienzos de los 80 del siglo XX)
Escenas del Nacimiento en la plaza, después de la representación en las escuelas ((Finales de los 70-comienzos de los 80 del siglo XX)
Pero hay un momento álgido y de gran esplendor, finales de los 70 y comienzos de los 80 del siglo XX, de estas representaciones que viene marcado por la colaboración de la escuela de Noalejo, gracias a la labor del maestro D. Manuel Pérez y la creación del coro «Niños Cantores de Noalejo» y la parroquia, gracias a los desvelos de las Misioneras de Acción Parroquial, especialmente de la Hna Pilar Moreno. Ellos se encargaban de preparar anualmente una representación teatral y musical que constituía un auténtico pregón de Navidad y un anuncio gozoso de las Pascuas. El canto de los villancicos por parte del coro de D. Manuel y las representaciones del Nacimiento, preparadas por las monjas, eran famosas en todos los pueblos circundantes y acudían desde Campillo de Arenas, Campotejar, Montillana, Carchelejo, entre otros, a participar de las mismas.
Representación del Nacimiento y actuación del Coro «Niños Cantores de Noalejo» en la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora
Representación del Nacimiento y actuación del Coro «Niños Cantores de Noalejo» en la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora
Representación del Nacimiento y actuación del Coro «Niños Cantores de Noalejo» en la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora
Cuando se construyó el Salón de Actos del Colegio, en las Escuelas Viejas, dichas representaciones se trasladaron de la Iglesia a este nuevo espacio, manteniendo viva la colaboración entre las distintas instituciones, escuela y parroquia, que tenía como objetivo fundamental la educación integral de los niños y niñas del pueblo. En un momento en el que no abundaban las actividades extraescolares, en Noalejo, eran una práctica habitual y podemos considerar esta época como un momento gran trabajo con niños y jóvenes a nivel local, gracias al trabajo de los maestros y maestras, que residían en el pueblo y a las Misioneras de Acción Parroquial.
Pastora en el Belén Viviente del Salón de Actos de las Escuelas (Década de los 80 del siglo XX)
Concierto de los Niños Cantores de Noalejo en el Salón de Actos de las Escuelas (Década de los 80 del siglo XX)
3.- Ángeles y pastores que rodean el Nacimiento
En los días previos a la Navidad las madres y las abuelas se afanaban por confeccionar los trajes que darían realismo a estas representaciones, que tenía como escena central el Misterio de la Virgen, San José y el Niño en el portal de Belén.
Virgen con una imagen del Niño Jesús en brazos (Finales de la década de los 70 o comienzos de los 80 del siglo XX)
Siempre llamaban la atención los ángeles, vestidos con túnicas de raso blanco o celeste, adornadas con espumillones y con alas de color plateado, que otorgaban gran belleza a la estampa.
Ángel (Finales de la década de los 70 del siglo XX)
Ángel (Finales de la década de los 70 del siglo XX)
Y, por último llamaban la atención, una muchedumbre de pastores, con ropajes coloridos y revestidos de vellón de oveja, cargados de ofrendas, evocando la escena bíblica.
Una imagen de un pastor y una pastora en la que se ven los campos de olivos que rodean a Noalejo ((Finales de los 70-comienzos de los 80 del siglo XX)
Pastor y pastora (Finales de los 70- comienzos de los 80 del siglo XX)
Escena de pastores antes de una representación del Nacimiento (Finales de los 70-comienzos de los 80 del siglo XX)
Pastora (Finales de los 70-comienzos de los 80 del siglo XX)
Agradecimientos:
Quiero agradecer a Remedios Sánchez Moya, Sinfo Ruiz, Mari Ángeles Titos Lomas, Isabel Algar Rayo y Yolanda Morales Ruiz su generosidad para ofrecer estos tesoros fotográficos de sus álbunes familiares que nos ayudan a mantener viva la memoria de las representaciones del Nacimiento en Noalejo.
A Manuel Amezcua, Cronista Oficial de Noalejo, por ofrecer su ayuda, sugerencias, amistad y fondo documental para enriquecer este blog.
A Carmen Martínez, por ofrecer su fondo documental para construir este blog.
Bibliografía:
Amézcua, M. (1992), El Mayorazgo de Noalejo. Historia y etnografía de la comunidad rural. Granada: Ayuntamiento de Noalejo.
La recuperación del patrimonio musical de la Navidad está ligado a la actividad de la Rondalla y Coro «Nuestra Señora de Belén». Su labor tan profesional, desinteresada y constante está posibilitando que dicho patrimonio se recupere y mantenga vivo.
Ayer les pedí que interpretaran dos de los villancicos tradicionales de gran arraigo en Noalejo. Este grupo, que lo integran grandes amigos y amigas, aceptaron con la prontitud y la generosidad que les caracteriza. ¡Muchas gracias de corazón!
Estos dos villancicos, también ligados a la celebración de la Misa del Gallo, son dos composiciones maravillosas del folclore tradicional de Noalejo. «Con los pies descalcitos» y «Entonemos armoniosos cantos» nos vuelven a evocar los sonidos de la Navidad en Noalejo.
Tradicionalmente en Noalejo el momento central de la Navidad era la celebración de la Misa del Gallo en la medianoche de la fría Nochebuena.
Durante el día 24 de Diciembre los caminos que conducen a Noalejo recobraban una especial vida por el transito de vecinos y vecinas naturales de Noalejo, que vivían en los cortijos y se desplazaban al pueblo para vivir con sus familias esa noche. De Olbijal, el Nogueron, Navalcán, los Villarejos, el Cortijo de la Cruz, Rosales, el Puerto el Caballo, la Navalta, entre otros, llegaban a Noalejo para celebrar las Pascuas y compartir en medio del calor familiar la sencilla cena que tenía como menú el «guisao de pies de marrano» o el tradicional potage de garbanzos y habichuelas con bacalao, que en expresión cariñosa estaba «meao por el Niño«. Y todo esto estaba acompañado, como postre, por los ricos mantecados que se cocían en los hornos del pueblo.
Y todo el pueblo, después de cenar, acudían con gran alegría y regocijo a la Iglesia Parroquial para celebrar la tradicional «Misa del Gallo».
Decoración Navideña de la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Noalejo
Vinculada a esta celebración se conserva un rico patrimonio musical, que desde mi punto de vista, constituyen los acordes más tradicionales que dan vida al sentir de la celebración popular de la Navidad en Noalejo. Guitarros, como comúnmente los denominan, palillos o castañuelas, panderetas, zambombas y carracas ponen música a una Navidad celebrada con la sobriedad propia de estas tierras.
Dentro de este patrimonio musical tiene un lugar privilegiado la «Misa Pastorella» que tradicionalmente se ha cantado en la Misa del Gallo. Es una composición sobre el texto latino de algunas partes de la celebración de la Eucaristía: Kyrie, Gloria, Sanctus y Agnus Dei, que evoca la alegría pastoril ante el nacimiento del Mesías.
Los villancicos populares en sus letras evocan el anuncio de los ángeles a los pastores comunicando la buena nueva del nacimiento del Salvador, como «Pastorcitos de Judea»
Pero hay dos joyas entre el patrimonio musical de la Navidad en Noalejo, dos villancicos con gran arraigo popular: «Azucena de los Valles» y «Con los pies descalcitos«. Son dos villancicos que conmueven cuando resuenan cada año dentro de los muros del templo parroquial.
Por último, hemos de señalar que existen otros villancicos populares que son expresión de la alegría de Noalejo en la noche de la Navidad, como «En medio de la noche», «Ande, ande, ande la marimorena«.
Desde este blog quiero reconocer la labor que está realizando el Coro Parroquial y la Rondalla-Coro «Nuestra Señora de Belén» por recuperar y transmitir el patrimonio musical de Noalejo, vinculado a las celebraciones de la Navidad, especialmente de la Misa del Gallo.
José Manuel Martos Ortega
Decoración Navideña de la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Noalejo
Una de las tradiciones populares de Noalejo en los días previos a la celebración de la Navidad es el rezo de las Jornadas.
Esta práctica devocional de preparación a las fiestas navideñas quiere rememorar las nueve jornadas de camino que la Virgen María y San José realizaron desde Nazaret a Belén, donde nacería el Niño Jesús. Estas nueve etapas, que se celebran del 16 al 24 de Diciembre, pasan por el Monte Tabor, la ciudad de Naín, los campos de Samaría, el pozo de Siquén, los campos de Necmas, la ciudad de Jerusalén, culminando la última con el nacimiento glorioso del Mesías.
El origen de la misma está en el siguiente pasaje del Evangelio de San Lucas:
«Sucedió en aquellos días que salió un decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio. Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a empadronarse, cada cual a su ciudad. También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada» (Lc 2, 1-7)
Censo (ArtedeExvotos. Francisco Javier Toro Martín)
La celebración de las Jornadas rememora la fiesta de las Posaditas en México, tradición llevada por los descubridores y que tuvo un gran arraigo popular. De hecho, el texto que se reza tradicionalmente en Noalejo está vinculado a dicha tradición mexicana. Su autor es Nicolás Espínola y lleva por título: Jornadas que hizo la Santísima Virgen María desde Nazaret a Belén. Tiene un subtítulo: Conforme la trae el libro intitulado Ramillete de diferentes novenas que ejercita anualmente la devoción mejicana.
Foto de la portada del libro de las «Jornadas que hizo la Santísima Virgen María» del Bachiller D. NIcolás de Espínola
En el sentir popular de Noalejo el hecho de celebrar las Jornadas evoca especialmente el momento de pedir posada, tal como se recoge en el pasaje anteriormente citado del evangelio de San Lucas. Este episodio conecta emocionalmente con la importancia de la acogida, el compartir, la hospitalidad que impregnan las fiestas navideñas y que tenía su expresión más popular en «pedir el aguinaldo» en un ambiente festivo, de canto de villancicos populares y de compartir lo que se tiene en las casas: unos mantecados y una copa de aguardiente.
Posada (ArtedeExvotos. Francisco Javier Toro Martín)
El rezo de las Jornadas transcurría en un ambiente de alegría, se solía celebrar en algunas casas, en torno a los pequeños belenes que se preparaban. En torno a los mismos se reunían los vecinos con zambombas, palillos y panderetas para cantar y rezar ante la venida del Niño Jesús ya cercana.
Nacimiento (ArtedeExvotos. Francisco Javier Toro Martín)
Pero en Noalejo había unas Jornadas que revestían una mayor solemnidad, las que se celebraban y celebran en la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora. Los mayores recuerdan el Nacimiento monumental que Paco, el Sacristán, preparaba en la sacristía y posteriormente en el templo parroquial y como se acudía, al venir de la aceituna, a rezar las Jornadas al Niño Dios.
Actualmente se sigue celebrando esta práctica devocional, en torno al Belén instalado en una de las capillas laterales de la Iglesia.
Belén de la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Noalejo
Agradecimientos:
Quiero manifestar mi más profunda gratitud al artista y pintor, Francisco Javier Toro Martín, conocido en el mundo artístico y cofrade como Blas, por su generosidad conmigo al permitirme utilizar sus pinturas para ilustrar esta entrada. Es un placer haberlo encontrado en las redes y poder compartir y disfrutar de su maravillosa obra. Sus imágenes nos han ayudado a embellecer esta tradición propia de Noalejo. Ojalá puedas conocer pronto nuestro pueblo ¡Gracias, amigo! Podéis conocer su obra en ArtedeExvotos.