La Semana Santa de Noalejo está vinculada a una de las imágenes de gran belleza a la que se da culto en la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora: la Virgen de los Dolores. Una talla atribuida a la escuela granadina, posiblemente de finales del siglo XVIII.

En el sobrio y elegante templo parroquial, en cuya construcción se cree que intervino el maestro cantero Juan de Lizarza Vizcaíno —quien residió en Noalejo entre 1570 y 1575 mientras trabajaba en la parroquia de Santiago Apóstol de Valdepeñas de Jaén (Gila, 1991)—, esta bella Dolorosa preside, junto a la imagen del Cristo Yacente (conocido en el pueblo como Santo Entierro), la capilla lateral derecha, añadida en una de las reformas posteriores del templo.

En la noche de Viernes Santo, envuelta en la austeridad propia de este día y en plena sintonía con la sobriedad de las manifestaciones tradicionales de religiosidad popular del pueblo, la Virgen de los Dolores sale del templo parroquial para recorrer las calles noalejeras tras la imagen del Cristo Yacente.
El itinerario se inicia por la calle Párroco Pérez —conocida como calle de los Frailes, en recuerdo del antiguo Convento de la Victoria de la Orden de los Mínimos, fundado por Mencía de Salcedo en 1552-1556 —, continúa por la tortuosa calle Alcantarilla, que evoca la Vía Dolorosa de Jerusalén, y prosigue entre callejuelas hasta regresar a la Plaza. Desde allí, la procesión asciende por la calle Real hasta las Cuatro Esquinas, para volver finalmente por la popular calle de las Parras hasta la Iglesia.
A lo largo del recorrido se alternan marchas procesionales de gran solemnidad con el canto y el rezo de los Dolores de la Virgen, en un ambiente de profundo recogimiento. Se trata de una procesión sobria y solemne, de marcado carácter devocional, en la que la tenue luz de las velas ilumina las calles en la oscuridad de la noche, evocando el camino que recorrió la Virgen hasta dar sepultura al cuerpo inerte de su Hijo. Es la jornada en la que se cumplen en la Madre Dolorosa las palabras proféticas del anciano Simeón en el templo de Jerusalén, el día de la presentación del Niño y la purificación de la Virgen: «Y a ti misma una espada te traspasará el alma» (Lc 2, 35).

1.- Orígenes de la devoción a la Virgen de los Dolores
Una vez más, un hecho histórico se encuentra en el origen de la devoción a la Virgen de los Dolores en Noalejo: la vinculación eclesiástica de la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora a la Abadía de Alcalá la Real.
El 13 de abril de 1552 se emitió la bula por la que se otorgaba la jurisdicción eclesiástica ordinaria de la parroquia —fundada por Mencía de Salcedo— al abad de Alcalá la Real, mientras se resolvía el litigio existente entre el arzobispado de Granada y el obispado de Jaén. Esta disposición se hizo efectiva en 1568, siendo abad D. Diego de Ávila y Zúñiga, y se mantuvo vigente hasta 1851, año en que la abadía fue suprimida tras el Concordato de ese mismo año (Amezcua, 1992; Martínez Rojas, 1999; Garrido, 1996). Durante esos años la influencia de la abadía se va a hacer patente no solo en los aspectos administrativos y jurisdiccionales eclesiásticos, sino también lo artístico y devocional, como es el caso que nos ocupa.

En la magistral obra de Diego Garrido Espinosa de los Monteros, Historia de la Abadía de Alcalá la Real, en la que se recoge una semblanza de los distintos abades alcalaínos y de los principales hitos de sus pontificados—en una magnífica edición debida a Francisco Toro Ceballos y Domingo Murcia Rosales (Garrido, 1996)—, se ofrece una información fundamental en relación a los orígenes de la devoción a la Virgen de los Dolores en Noalejo.
Al presentar la figura del abad don Esteban Lorenzo de Mendoza y Gatica, natural de Jerez de la Frontera y rector de la abadía entre 1778 y 1790, el autor señala, entre los hechos más destacados de su pontificado, lo siguiente:
«En el año 1780 se solicitó de la Ciudad permiso para el establecimiento para el establecimiento y fundación de la cofradía de la Esclavitud de los Dolores de Nuestra Señora en el convento de Consolación, a solicitud del padre lector de moral, la que se dio. Y habiendo acudido al Consejo por decreto de él se aprobó y dio la licencia. Y en el año 1781 quedó establecida dicha Esclavitud. Se estableció el septenario con sermones que se hace a referida sagrada imagen, los siete días anteriores al Viernes de Dolores, con mucha iluminación de cera, música y gran concurso de fieles. Y todos los viernes del año en la tarde, hay ejercicios. Referido padre estableció esta devoción en la Villa de Noalejo y la de la Cortijada de Frailes de este término. Todo esto consta de los papeles de esta cofradía que se hayan en el convento» (Garrido, pp. 236)

Por tanto, fue un fraile de la Orden Tercera Franciscana, perteneciente al convento de Consolación de Alcalá la Real —concretamente el padre lector de moral— quien impulsó la devoción a la Virgen de los Dolores. Este religioso fundó en su convento en 1781 la Esclavitud de los Dolores de Nuestra Señora, promoviendo ejercicios piadosos en torno a esta advocación y extendiendo dicha devoción a otros lugares del territorio de la abadía, entre ellos la villa de Noalejo.
Así, el culto a la Virgen de los Dolores en Noalejo se remonta a finales del siglo XVIII y, según los datos aportados por Garrido Espinosa de los Monteros en su obra, puede situarse entre los años 1781 y 1787.

Cabe preguntarse, sin embargo, quién fue aquel fraile lector que introdujo en Noalejo la devoción a la Virgen de los Dolores. El propio autor nos proporciona su nombre: fray Juan Moreno, natural de Lucena, y aporta además algunos datos de interés sobre su figura y las circunstancias que rodearon la difusión de esta devoción.
«Y estando referido padre solicitando estas licencias y dando tan buenos pasos, cayó malo de tabardillo, y el que le asistía, habiendo salido fuera de la celda a diligencia, con la fuerza del delirio, se arrojó una madrugada por la ventana de la celda del último claustro alto, en camisa y con su gruesidad y peso del cuerpo, y alto de más de seis varas, cayó al tejado de la cocina del convento, quebró todas las tejas que pilló el cuerpo y después cayó desde allí a la huerta, que hay más de ocho varas. Y habiéndolo sentido creyeron los padres ser ladrones, los que salieron alborotados, tirándole piedras, que la fortuna fue no acertarle, y habiendo otros acudido a las armas de fuego, por haberse refugiado en un rincón de la huerta, a cuyo tiempo el que le asitía, habiendo vuelto, echándoles de menos, dió voces diciendo lo ocurrido y habiéndole conducido a su celda y cama, sin embargo, de ser en el mes de febrero, tiempo tan frio, desde luego se conoció la mejoría y no se le encontró lesión la más leve en el cuerpo. Y le he oído decir siempre que el enemigo le arrojó por allí. Y vive hoy, 27 de junio de 1787, premiando Dios su celo y devoción que tenía y tiene a su Madre Santísima, pues su devoción es sin igual. Y quiso el enemigo quitarle la vida porque no se estableciese esta devoción, sin embargo de otras contradicciones que tuvo de sus propios religiosos y de otras personas. Se llama fray Juan Moreno, natural de Lucena (f. 327)» (Garrido pp. 236)

Gracias a la labor apostólica de aquel fraile del convento de Consolación de Alcalá la Real, fray Juan Moreno, natural de Lucena, Noalejo ha rendido culto a los Dolores de la Virgen durante más de dos siglos, desde finales del siglo XVIII hasta nuestros días.
3.- Una imagen devocional que invita a la contemplación
Algunos restauradores y expertos en Historia del Arte, al contemplar la imagen de la Virgen de los Dolores de Noalejo, han señalado que, por sus rasgos estilísticos, podría atribuirse a la escuela granadina.
Cabe suponer, asimismo, que el establecimiento de esta devoción llevara consigo la realización de una imagen para su culto. La cercanía a Granada hace plausible que el encargo se realizara en dicha ciudad, donde trabajaban y estaban asentados destacados escultores de imaginería religiosa, en torno a los cuales surgieron importantes círculos artísticos de cuyas manos salieron auténticas joyas escultóricas y devocionales. De ser así, nos encontraríamos ante una talla que se puede datar a finales del siglo XVIII. Quizás en algún momento los archivos podrían verificar esta hipótesis.

En efecto, al contemplar la imagen se percibe con claridad esa influencia granadina, apreciable en su expresividad, donde el dolor se entrelaza con la serenidad y la dulzura, alejándose de todo dramatismo extremo. La imagen inspira un profundo sentimiento religioso, capaz de suscitar emoción y, al mismo tiempo, transmitir una intensa experiencia de paz y ternura.
La imagen sufrió graves desperfectos en el año 1936, perdiéndose el candelero y las manos. Afortunadamente, se conservó la cabeza, lo que permitió su posterior reconstrucción. Esta fue llevada a cabo por el escultor José Navas Parejo en la década de los años 40 del siglo pasado, quien le otorgó la apariencia que hoy conocemos.
Nos encontramos ante una imagen de profunda carga devocional para el pueblo, que invita a la contemplación silenciosa. Con este vídeo queremos compartir, en la medida de lo posible, esa experiencia; aunque, ciertamente, nunca lograremos transmitir plenamente la emoción que nace al situarse ante ella y detenerse en su rostro materno que, en medio del dolor, conmueve por su serenidad, dulzura y paz.
José Manuel Martos Ortega
Bibliografía
Amézcua, M. (1992), El Mayorazgo de Noalejo. Historia y etnografía de la comunidad rural. Granada: Ayuntamiento de Noalejo.
Garrido, D. (1996), Historia de la Abadía de Alcalá la Real. Jaén: Diputación de Jaén (Edición preparada por Francisco Toro Ceballos y Domingo Murcia Rosales.
Gila, L. (1991), Arte y artistas del Renacimiento en torno a la Real Abadía de Alcalá la Real. Granada: Universidad de Granada y Ayuntamiento de Alcalá la Real.
Martínez Rojas, F.J. (1999), Aproximación a la Historia de la Iglesia de Jaén. Jaén: Obispado de Jaén.





