Entre las expresiones devocionales que laten con más hondura en la Semana Santa de Noalejo, destaca la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, salida de las manos del escultor malagueño afincado en Granada, José Navas Parejo. En la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora pervive así su legado, pues su gubia devolvió en la década de los años 40 del siglo pasado la forma y el alma a gran parte de las imágenes que vinieron a sustituir a las desaparecidas en julio de 1936: el Sagrado Corazón de Jesús, la Virgen del Carmen, la Virgen del Rosario y el propio Nazareno. Del mismo modo, también restauró los desperfectos de otras tallas, como el Cristo de la Soledad, que preside el retablo del altar mayor y la Virgen de los Dolores, dejando en todas ellas la huella serena de su arte y estilo propio, inspirado en la escuela barroca de escultura granadina.

La imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno es una talla en madera policromada, de bulto redondo, adscrita a la tipología de imágenes de vestir o de candelero. Iconográficamente, representa a Cristo coronado de espinas y portando la cruz sobre sus hombros, camino del Calvario para ser crucificado en la mañana del primer Viernes Santo.


Uno de los elementos más significativos de esta talla radica en sus evidentes similitudes formales e iconográficas con la imagen de Jesús del Rescate de Granada, obra de Diego de Mora. En dicha escultura, el insigne imaginero del siglo XVIII realizó una de las representaciones más bellas de Cristo Preso y presentado al pueblo, dentro de la tradición barroca granadina.
El análisis comparativo entre el Nazareno de Noalejo y el Rescate de Granada permite advertir cómo Navas Parejo retoma y adapta determinados rasgos iconográficos característicos del «Señor de Granada«: el rostro enjuto y de acusados pómulos, la barba bífida, la nariz recta y afinada, así como la presencia de un hematoma en la mejilla izquierda y la contenida expresión del sufrimiento, evidenciada en la escasa presencia de sangre en el rostro. Todo ello remite a una interpretación sobria y contenida del dolor, en sintonía con los cánones estéticos heredados de la escuela granadina.



Del mismo modo, en consonancia con los modelos iconográficos del círculo de los Mora, en los que se inspira José Navas Parejo, se configura una imagen de un Cristo paciente, de mirada baja y ensimismada, que transmite una actitud de aceptación serena del sufrimiento. Esta interpretación, heredera de la tradición granadina, se caracteriza por la contención expresiva y la introspección psicológica, alejándose de los excesos dramáticos para centrarse en la dimensión espiritual de la Pasión. La imagen, concebida como objeto de culto, suscita en el fiel una respuesta emocional basada en la compasión y en un dolor contenido, acorde con los ideales devocionales que la inspiran.
Al anochecer del Jueves Santo, después de la celebración de la Cena del Señor, la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno recorre las calles de Noalejo en una procesión de marcado carácter sobrio y devocional. El cortejo, desarrollado en ocasiones en silencio y otras acompañado únicamente por el redoble de un tambor, acentúa la dimensión contemplativa de esta austera procesión, muy coherente con la idiosincrasia sobria del pueblo en sus manifestaciones de religiosidad popular. La escenificación refuerza el sentido iconográfico de la talla, que representa a Cristo paciente y resignado, llevando la cruz en su camino hacia el Calvario, evocando así el episodio histórico de la Pasión ocurrido en Jerusalén hace casi dos milenios.
José Manuel Martos Ortega
