En el sentir popular de Noalejo hay un refrán que marca el inicio del año en los primeros días del frio y helador enero: ¡hasta san Antón Pascuas son!. Y es que san Antonio Abad, protector de los animales, ha sido festejado en el pueblo desde hace siglos y la expresión más característica de dicha fiesta ha sido las lumbres de san Antón.
1.- El culto a san Antón en Noalejo
En Noalejo el culto a san Antón se remonta a siglos atrás. Un documento del año 1736 nos describe aspectos de la fiesta de este santo eremita en Noalejo, a la que denomina de «inmemorial costumbre». Esta que consistía en una procesión hasta la Cruz de Hierro, cantando las letanías mayores, llevando en andas a San Antonio Abad para volver a la Iglesia y oír la misa cantada en honor del Santo. Con el tiempo se convirtió en una gran romería con bendición general de los animales domésticos (Amezcua, 1992). También tenemos constancia de que en el siglo XIX se continúa celebrando dicha procesión anual (Archivo Historico Provincial) y que ésta se realizó durante la primera mitad del siglo XX, según los testimonios orales de los vecinos y vecinas del pueblo.

En la iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora se venera una imagen de San Antón o San Antonio Abad. Este santo, patrón y protector de los animales, nació en el año 251 en una población del alto Egipto. A los 20 años repartió sus bienes a los pobres y se retiró al desierto para llevar una vida ascética y de oración. Fundó varios monasterios y predicó activamente defendiendo la fe durante las persecuciones arrianas. Murió el 17 de enero del año 356.

Nuestra imagen de san Antón, tal y como se atestigua en la firma que encontramos en la peana de la misma, es obra del escultor granadino Manuel González Muñoz. Se realizó en 1941 para restaurar el culto al santo en el pueblo, ya que la anterior imagen fue destruida en la contienda del año 1936. Este escultor realizó distintas obras en la década de los 40 del siglo XX para distintas poblaciones de la provincia de Granada y Almería, recogiendo en sus obras las características de la escuela de escultura granadina. Nació el 28 de junio de 1910 en un enclave muy granadino, la cuesta de Gomérez, estudió en la Escuela de Artes y Oficios de Granada, se especializó en escultura religiosa (Sánchez y Martínez, 2024) y situó su taller en el entorno de la iglesia albaicinera de San José de Granada.

Esta imagen de San Antón presenta las características principales de la iconografía del santo eremita. Se representa como un anciano, vestido con el hábito de la Orden de los Hospitalarios de Constantinopla (Orden de los Caballeros del Hospital de San Antonio), que se pusieron bajo su protección, con una cruz en el pecho, sujetando en una mano un bastón y en la otra un libro, evocando su vida de recogimiento y meditación.
Pero no podemos olvidar el elemento más característicos y popular de la iconografía en torno al santo: un cerdo o un marranillo (tal y como se denomina en Noalejo) a sus pies: el marranillo de San Antón. Evocando la leyenda popular que narra el episodio en el que el Santo se encontró con un cerdo salvaje, acompañado de sus crías enfermas. El santo curó a las mismas y desde ese momento el cerdo o marrano lo acompañó durante toda su vida. De aquí la razón de considerarlo como protector de los animales.

Este hecho de la vida del Santo va a plasmarse en las tradiciones de Noalejo, al igual que en otros pueblos del entorno, en la costumbre, ya desaparecida, del marranillo de san Antón. Manuel Amezcua, Cronista Oficial de Noalejo, la describe así, en su obra El Mayorazgo de Noalejo: «existía también la costumbre del marranillo de san Antón, que era un lechón que deambulaba por las calles del pueblo buscando su sustento. Cuando se paraba en la puerta de un vecino, éste se obligaba a darle de comer y cuando anochecía le daban cobijo en la casa donde se recostaba. Se le podía distinguir por un lazo rojo que llevaba al cuello con un cascabel y cuando estaba bien cebado, coincidiendo con la fiesta de san Antón, era rifado entre el vecindario y el que le tocaba en suerte lo sacrificaba o lo vendía. Con los fondos recaudados en la rifa se compraba un nuevo lechón que se empezaba a cebar para el año siguiente y el resto del producto se destinaba a obras benéficas de la hermandad» (1992, pp. 176).
La talla de San Antón, de gran belleza, se venera actualmente en la nave central del templo parroquial y ha sido restaurada hace unos años dentro del interesante y cuidado programa de restauración y conservación del patrimonio parroquial que se está llevando a cabo.
2.- La lumbres de san Antón
Junto al culto litúrgico al santo, la tradición más popular estaba vinculada al encendido de lumbres en la noche de la víspera del día de san Antón (17 de enero). Una tradición que, desgraciadamente, se está perdiendo en el pueblo.
La celebración de las lumbres o «sanantones» era una costumbre muy arraigada y de carácter eminentemente familiar, en la que los vecinos se reunían para encender una lumbre, pidiendo la protección y el cuidado del santo sobre los animales de las casas, que eran tan importantes para el sustento de las familias: el mulo o el burro, fundamentales para las faenas agrícolas; las gallinas, conejos, cerdos y la cabra, sobre los que se fundamentaba el sustento de las mismas, junto a los productos del campo.

En la víspera de la fiesta era habitual contemplar entrar a Noalejo burros y mulos cargados de haces de abulagas y otros arbustos que se cortaban en las sierras que rodean al pueblo para esa noche encender las luminarias en honor al santo, en las que también se quemaban aparejos y serones viejos que se desechaban como aperos del campo.

Esa noche el pueblo se salpicaba de lumbres, rodeadas de vecinos y vecinas, que conversaban animadamente, cantaban y compartían unos tragos de vino de la bota, unas rosetas o «flores», como se denominan en Noalejo, y festejan de forma sencilla y popular.
En las noches de los heladeros eneros (no en vano hay otra expresión popular de Noalejo que alude a las heladas y escarchas que caen en esta época: «ha caído la gallina o pava de san Antón«, evocando el blanco con que amanecen recubiertos los campos), estar en torno a la lumbre era una experiencia muy agradable y festiva para seguir celebrando y festejando después de la cercana Navidad, pues, como dice el refrán, ¡hasta san Antón Pascuas son!. El atizar la lumbre de san Antón, además de implorar la bendición del santo sobre los animales domésticos, era una experiencia de vecindad, una ocasión para seguir avivando los lazos familiares y de amistad que eran tan importantes en el pueblo, en un momento en que las humildes casas de Noalejo estaban abiertas de unos vecinos para otros, generándose unas relaciones casi familiares, en las que se compartía sin alarde lo poco que se tenía.

En torno a la lumbre, los vecinos hacían un corro para rodearla, mientras se cantaba la copla típica de esta noche: «San Antón, san Antón, que me guardes un rincón, en el cielo sí, en el infierno no» y otros cantos populares como «El corro la patata«, «El patio de mi casa«, «A la flor del romero» o «Estaba el señor, don Gato«.

Pero el momento más esperado de la noche, al bajar la intensidad de las llamas y comenzar a haber rescoldo, era cuando los niños y jóvenes comenzaban a saltar la lumbre, entre aplausos y algarabía de los asistentes. Un verdadero espectáculo festivo y muy divertido que muchos vecinos y vecinas recuerdan con añoranza.


Entre risas, cantos y aplausos, sin darse cuenta, llegaba el instante menos deseado por todos: «darle la patá a la lumbre« y terminar así con esta fiesta popular de los vecinos para volver cada uno a su casa, bien entrada la noche, y descansar para proseguir al día siguiente con las faenas cotidianas.
¡Viva san Antón!
José Manuel Martos Ortega
Bibliografía
Amézcua, M. (1992), El Mayorazgo de Noalejo. Historia y etnografía de la comunidad rural. Granada: Ayuntamiento de Noalejo.
Sánchez, P. y Martínez, A. (2024), Los años olvidados de la Escuela de Arte y Oficios de Granada. El Independiente de Granada (18 de mayo de 2024). Disponible en: https://www.elindependientedegranada.es/politica/anos-olvidados-escuela-artes-oficios-granada
Una tradición que sobrevive. Diario Jaén (17 de enero de 2018). Disponible en: https://www.diariojaen.es/provincia/una-tradicion-que-sobrevive-IB3672028


















