Tierra, agua, fuego y aire: los colores del otoño en los Villarejos

Pasear en estos días por el entorno de la fuente de los Villarejos, en el término municipal de Noalejo, ofrece una imagen inusual y atrayente al contemplar los colores tan característicos de esta época del año. Es como si la tierra estallara en una fogarada de luz y calidez.

Si caminas por el entorno de la fuente, te llaman poderosamente la atención el rojizo de unos árboles frutales, entre el verde plateado y sobrio de los olivos, con su fruto casi maduro para la cosecha.

Colores otoñales en el paraje de los Villarejos (Noalejo)
Colores otoñales en el paraje de los Villarejos (Noalejo)

La calidez que revisten las hojas que quedan en los árboles y la alfombra mullida que se va formando a los pies de los mismos invitan a detenerse y casi a acurrucarte a descansar.

Colores otoñales en el paraje de los Villarejos (Noalejo)

Pero si el día de otoño está de nuestra parte, el gran espectáculo es el contraste de colores entre el rojizo de los árboles con el cielo grisáceo de nubes caprichosas que se extiende y juguetean como niños sobre el Cerro de Santa Merced.

Cielos otoñales sobre el Cerro de «Santa Merced» (Noalejo)
Nubes de otoño sobre el Cerro de «Santa Merced» (Noalejo)

Caminar estos días por el entorno de los Villarejos, en definitiva, es como acariciar los cuatro elementos de los que nos hablaban los antiguos filósofos griegos: tierra, agua, fuego y aire. La tierra del Cerro «Santa Merced», el agua de la fuente cristalina de los Villarejos, el fuego de los árboles, que parecen una antorcha que no se consume y el aire limpio, surcado por las nubes que no se detienen. Estos son los placeres de recorrer el territorio de Noalejo.

Paisaje otoñal en el entorno de los Villarejos (Noalejo)

Sólo se trata de calzarse las botas, cargar con la mochila, empuñar el bastón y dejarse sorprender. Así de sencilla puede ser la vida.

Jose Martos

Deja un comentario