Visitar el paraje de Navalcán en Noalejo significa palpar los primeros vestigios, de los que tengamos evidencia, de la presencia humana en nuestro entorno, ya que en este paraje se encuentran unas pinturas rupestres de estilo esquemático.

Carrasco y colaboradores (1981) realizan un estudio de referencia para comprender el sentido y significación de estos testimonios de la prehistoria. Posteriormente Amezcua (1982 y 1992) comenta dicha investigación ofreciendo dos acercamientos que se comentan en este blog y se enriquecen con otras fuentes bibliográficas de interés que analizan otras obras de arte esquemático de la subbética andaluza.
Ubicación de las pinturas
Ocultas en un paredón rocoso, ubicado en la llamada comunmente por «la Puerta de Navalcán«, que sirve de acceso a la nava fertil, regada por un manantial de agua que abastece el pueblo de Noalejo, se encuentran unas pinturas rupestres de estilo esquemático al resguardo de en un abrigo natural.


Este abrigo rocoso se encuentra a una altitud sobre el nivel del mar de unos 1400 metros, situado a unos cien metros a la derecha de la carretera que conduce de Noalejo a Navalcán. Tiene unas dimensiones de 1,80 m. de altura y unos 6 m de anchura. Constituye un lugar estratégico pues desde él se avista la garganta por la que transcurre el río y da acceso a esta nava fecunda es apta para los cultivos debido a su abundancia de agua.


Descripción de las pinturas
Nos encontramos ante una representación pictórica de estilo esquemático. Son de color rojo oscuro con trazos recios, posiblemente realizados con el dedo. En el conjunto se distinguen tres grupos de figuras que Carrasco, Medina, López y Soria (1981) denominan: Grupo A, B y C. El grupo A y B parecen escenificar algún tipo de danza dirigida por un gran antropomorfo (grupo C).
Grupo A
Se sitúa en la parte superior del abrigo, en la zona izquierda. La componen tres figuras humanas y el resto de otra.

Las figuras tienen iguales dimensiones (unos catorce centímetros), están unidas entre sí, con los brazos en alto y dibujadas sin cabeza y parecen representar la primera escena de danza.

Grupo B
Se ubica debajo del Grupo A, a su izquierda (nuestra derecha) y a una distancia de ochenta y cuatro centrimetros del anterior.

Este grupo se compone de una gran mancha, sin forma definida, y de nueve figuras humanas, no completas, unidas entre sí, con los brazos en alto. Amezcua (1983), haciéndose eco del estudio de Carrasco, Medina, López y Soria (1981) señala que dichas figuras, con forma humana, pueden estar superpuestas o por el contrario el autor pudo representarlas así para simular hileras de danzantes.

Frente al grupo A, en las que las figuras son muy uniformes, en este nuevo grupo se pierde la uniformidad oscilando entre los ocho y catorce centrímetros, siendo menores las dos figuras situadas a la derecha del conjunto (seis centrímetros).
Grupo C
Se sitúa en la parte occidental del abrigo, elevado sobre los otros dos grupos.

Se compone de una gran mancha sin forma en la parte superior, cuatro grupos de trazos dobles de pequeñas dimensiones, una gran figura humana en el centro y otra de menor tamaño a su derecha.

El antropomorfo de mayor tamaño tiene los brazos elevados y se distingue su cabeza, está orientado hacia los grupos A y B y parece animar la danza que se desarrolla en los mismos.

Significado de las pinturas
Los estudios las sitúan en la antiguedad, en el periodo del Cobre, hacia mediados del tercer milenio antes de Cristo. Están vinculadas a la importante zona de testimonios de arte rupestre situado en la zona de la Subbetica, con importante importantes huellas pictóricas dispersas en más de 100 abrigos naturales ubicados en cuatro núcleos montañosos: las Sierras de Segura, Quesada, Mágina y Sur de Jaén (Carrasco, Toro, y otros, 2013 Soria, López, Zorrilla y Troyano, 2008). Según Carrasco y Pastor, Navalcán (2009, p.170):
«representa un enclave de sumo interés, más que por la tipología de las pinturas en sí, por su situación geográfica dentro de las Sierras Subbéticas, viniendo a enlazar dos de las áreas más importantes para el conocimiento del esquematismo andaluz: Otiñar en Jaén y Moclín en Granada«.
Por otra parte se encuentra cercano al conjunto de abrigos y cuevas que en la comarca de Sierra Mágina presentan representaciones esquemáticas de esta época histórica (Soria, López, Zorrilla y Troyano, 2008; Soria, López y Zorrilla, 2002). Poseen las características propias del estilo esquemático en el que prima las estructuras iconográficas no realistas y la simplificación de las formas, reducidas a los elementos imprescindibles para su identificación, con un predominio de los trazos lineales, rozando en algunos casos la abstracción (Carrasco y Pastor, 2009).
Las pinturas de Navalcán comparten similitudes con otras presentes en la Subbetica desde el punto de vista de su ubicación y el entorno en las que se situan. Están asociadas a zonas con presencia de agua, tal y como ocurre en Navalcán, una nava fertíl, regada por un manantial abundante. Este hecho muestra un interés cinegético o de explotación agricola de los primitivos pobladores de este paraje.

Por otra parte se sitúan en lugares estratégicos de gran visibilidad, como ocurre en este abrigo natural, evidenciando que esta zona constituye un territorio homogéneo, con una frontera, que es necesario defender frente a otros grupos con interés por esta tierra y el agua (Carmona y Muñiz, 1991). No en vano se situan en la parte exterior de la pared rocosa que cierra dicha nava y en la parte superior del estrecho paso, comunmente llamado por los habitantes de Noalejo «la puerta de Navalcán», que da acceso al valle fértil y al manantial de agua que lo riega. Desde la altura del abrigo se visualiza el cauce del río y la abrupta garganta por el que discurre, ofreciendo grandes posibilidades defensivas de la tierra y el agua.

Pero adentrarse en la interpretación del arte rupestre esquemático no está carente de interrogantes y dificultades, pues es difícil conocer las motivaciones de sus autores y la función que cumplen cada una de sus figuras y escenas así como los rituales vinculados a este tipo de representaciones . Ante esta dificultad, los investigadores reconocen un carácter plurifuncional de las mismas,
«posiblemente fueron centro de concentración de los grupos humanos del entorno, donde realizaban prácticas rituales relacionadas con sus actividades económicas, con sus preocupaciones espirituales y con la explicación que ellos mismos tenian acerca de su existencia, incluyendo sus relaciones con el medio natural que los cobija» (Soria, López, Zorrilla y Troyano, 2008, p. 92.)
Tal y como se ha descrito anteriormente las pinturas esquemáticas de Navalcán reproducen dos escenas de danza (Grupo A y B) en las que las figuras humanas, representadas por trazos simples de color rojizo, aparecen unidas entre sí, participando en un posible ritual que puede estar vinculado a actividades económicas, a rituales con carácter espiritual y funerario o a una apropiación simbólica del territorio frente a otros grupos humanos frente a los que hay que defenderlo.

Los dos grupos de danzantes se encuentran animados por un antropomorfo (Grupo C), con forma de «Y», que tiene los brazos elevados, dirigiendo las dos escenas de danza (Grupo A y B), hecho que hace presuponer una cierta autoridad o relevancia del mismo frente al grupo de danzantes, y por tanto, una organización del grupo humano.

Por encima de los interrogantes que plantean la interpretación de la escena nos encontramos con el primer testimonio conocido de la presencia del hombre en el entorno cercano de Noalejo, que posee un gran valor histórico y antropológico y que nos invita a su conservación y cuidado para que generaciones futuras puedan contemplarlas.
José Manuel Martos Ortega
Bibliografía
Amézcua, M. (1983), Las pinturas rupestres de Navalcán. Cuadernos de Historia y Tradiciones populares de Noalejo, 2.
Amézcua, M. (1992), El Mayorazgo de Noalejo. Historia y etnografía de la comunidad rural. Granada: Ayuntamiento de Noalejo.
Carmona, R. y Muñiz, I. (1991). Aproximación al fenómeno de la pintura esquemática rupestre en la subbética cordobesa. El abrigo del Tajo de Zagrilla (Priego de Cordoba). Análes de arqueología cordobesa, 2, pp. 13-52.
Carrasco, J., y Pastor, M. (2009). Aproximación al fenómeno esquemático en la cuenca alta del Guadalquivir. Zephyrvs, 36, pp. 167-177. Recuperado a partir de https://revistas.usal.es/index.php/0514-7336/article/view/407
Carrasco, J., Toro y otros (1982). Las pinturas rupestres del «Cerro del Piorno» (Pinos Puente, Granada). Consideraciones sobre el arte rupestre esquemático de las Sierras Subbéticas Andaluzas. Cuadernos de Prehistoria de la Universidad de Granada, 7, pp. 113-169. DOI: https://doi.org/10.30827/cpag.v7i0.1199
Carrasco, J., Medina, J., López, M. y Soria, M. (1981). Las pinturas rupestres esquemáticas de Navalcán (Noalejo). Nuevos datos para la arqueología jiennense. Grupo de Estudios Prehistóricos Memoria de Actividades II. La Carolina, pp. 29-33.
Soria M., López, M.G., Zorrilla, D. y Troyano. M. (2008). Arte rupestre en Sierra Mágina. Descubrimientos efectuados en la campaña 2004-2006. Sumuntán, 26, pp. 69-94. Recuperado a partir de https://www.cismamagina.es/app_sumuntan/pdf/26/26-69.pdf
Soria, M., López, M.G. y Zorrilla, D. (2002). Arte rupestre en Sierra Mágina. Nuevas investigaciones. Sumuntán, 11, pp. 11-68. Recuperado a partir de https://www.cismamagina.es/app_sumuntan/pdf/17/17-11.pdf.
Agradecimientos:
A mi amiga, Carmen Martínez Martínez, por la información y apoyo que me ha ofrecido para realizar este trabajo.
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